En el tren

La joven entró en el tren porque tenía que hacerlo, porque estaba frente a la puerta que se había abierto y porque ya era tarde para pensar en retroceder, pues una marabunta de gente se agolpaba detrás de ella, esperando para entrar. Entró finalmente y avanzó por el estrecho pasillo que se extendía a lo largo del vagón, mirando a uno y otro lado de este, intentando decidir rápidamente dónde sentarse. Decisión banal, pero importante para poder estar tranquilamente deprimida de camino a casa. No quería a nadie a su lado que le incomodase mientras se autocomplacía en su basura interna y su pesimismo. Finalmente se sentó en un sitio que estaba orientado de cara a otro. Solo había un chico sentado enfrente. Se sentó sin apenas mirarlo. Mientras guardaba el bono de transporte en el bolsillo exterior de la mochila, no obstante, le pareció percibir una pequeña sonrisa en los labios de él. Imaginaciones suyas, supuso. Una vez guardado el bono, decidió que el trayecto era demasiado largo para aguantarlo con tanta ropa puesta, así que se levantó y se quitó rápida y hábilmente la grande chaqueta negra, más aparatosa casi que ella. De nuevo creyó ver, aunque no podía asegurarlo, que el chico la observaba y sonreía. Sonrió inconscientemente, mas no lo miró directamente por vergüenza. Finalmente dirigió la mirada hacia él. Era un chico muy guapo, con el pelo corto, los cascos puestos y el ipod colgado en un chaleco acolchado, debajo del cual sobresalían las mangas cortas de una camisa de cuadros, de manera que a la vista quedaban  varios tatuajes  que decoraban ambos brazos. Le gustaba. Sus miradas coincidieron y vio entonces que él estaba sonriéndole directamente. Vergonzosa, sonrió un momento, pero en seguida retiró la mirada. No llevaba las gafas puestas y sin ellas no se atrevía a mirar a nadie directamente a los ojos. Maldita sea, pensó. No iba a sacar las gafas ahora, solo para mirarle. Durante un rato esquivó su mirada, pensando cuánto deseaba que se bajase en la estación del centro, pues no se creía capaz de evitar su mirada por mucho más. Finalmente centró su mirada en uno de sus tatuajes. El brazo izquierdo estaba cubierto por un espectacular, colorido y precioso jardín de flores silvestres que acababan justo limitados por un reloj clásico de pulsera, de los analógicos, ligeramente rectangular, bonito y sin pretensiones. Su brazo era muy bonito. Se quedó ensimismada admirando el tatuaje. Sonrió. No se atrevía a mirarle a la cara, pero sabía que él la miraba y que vería su sonrisa indirectamente dirigida a él. Finalmente se decidió a mirarlo directamente de nuevo, pero esta vez era él quien miraba a otro lado. Oh, ingenua tonta, pensó. No esperaría que estuviera mirándole a ella todo el rato ¿verdad? Seguramente había sonreído por educación, porque se le veía muy simpático, a pesar de que los tatuajes solían asociarse con gente vulgar. No, él no era vulgar. Y parecía inteligente. Apartó la mirada y miró al otro lado del pasillo, donde un chico que parecía primo de Bob Marley, escuchaba música a tan alto volumen que ella podía oírla perfectamente. Sin poder evitarlo, su pierna empezó a seguir el ritmo de la canción. ¿Por qué le habría sonreído? se preguntó. Quizá le había hecho gracia su ropa – lleva una camiseta de Queen que vendían en una tienda de ropa, pero en la sección de hombres. Obviamente todo el mundo que la viera con aquella camiseta, sabía de sobra que era una camiseta de chico – o sus uñas negras, como de niña rebelde rockera. Quizá el poco maquillaje que se había puesto aquella mañana aún duraba y le daba un aspecto agradable. Sí, el maquillaje tenía que ser, porque no había dormido más de tres horas, así que tenía unas ojeras considerables y horrendas. De nuevo volvió a mirarlo. Estaba absorto con la vista que se movía sin parar al otro lado de la venta. Observó que tenía otro tatuaje en el cuello, en la parte posterior de la oreja, más abajo. Una estrella. Tatuaje común. Pero bonito, después de todo. Le gustaba su cuello. Le gustaban su cuello y sus brazos. Por fin llegaron a la estación del centro y de nuevo deseó que se bajara en aquella parada, porque ya no sabía qué hacer. ¿Qué hacer cuando un chico le sonreía? Era tan ingenua e ignorante en esas cosas… Pocas veces en su vida había ligado. A ella le solían entrar y nunca le gustaban los chicos que le entraban, así que daba largas y a seguir tan feliz con su vida. Pero en aquel momento le habría gustado tener experiencia para decirle algo, para hacer que se interesase en ella. La gente empezó a levantarse y a dirigirse a las puertas. Él no. Temió que no se bajase. ¿Y si no se bajaba? ¿Qué haría? Él parecía muy relajado, allí sentado frente a ella. Ella, sin embargo, no tenía ni idea de qué hacer ni cómo actuar. Las puertas se abrieron y la gente empezó a bajar. Fue entonces cuando él se levantó de repente. En parte, la joven lo agradeció: al menos aquella agonía e incertidumbre se acabaría. Él se puso a su lado, de pie, esperando a que la cola de gente fuese bajando. Ella lo sentía ahí, a su lado. Para disimular sus nervios, se sentó más cómodamente en la silla y justo cuando él se iba a mover, giró la cabeza, para mirarlo una última vez. Entonces, sin que se lo esperase, él le dio un beso en la mejilla. Muy tierno y rápido. Y antes de que ella pudiera reaccionar, él ya había bajado del tren. Por un momento un tropel de pensamientos sin sentido se agolpó en su mente. ¿Qué había pasado? ¿Qué hacer? Deseó tener el valor de salir corriendo tras él, de detenerlo cogiendo su brazo lleno de flores. Pero no lo tenía, era una cobarde indecisa, y se limitó a mirar por la ventana cuando él pasó junto a ella mirándole, fijamente y sonriendo. Ella sonrió ampliamente y en aquel momento sonó el pitido que anunciaba que cerraban las puertas. Había sido demasiado lenta y cobarde. Ahora ya no podía ir tras él. Pero mientras el tren arrancaba y él se alejaba andando camino de las escaleras, se miraron fijamente una última vez.  Una señora se sentó a su lado y rompió la magia del momento. Al mirarla, la joven se dio cuenta de que no podía dejar de sonreír mientras observaba fijamente el sitio que segundos antes había ocupado el chico.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s