Tristán Ulloa

– Llevo varios días con el español subido.

– ¿Perdona?

– Sí, consumiendo productos españoles…

Noa no pudo evitar reír.

– Danielle, eres española, vives en España ¿dónde está lo raro?

– Noo, me refiero a que llevo varios días viendo bastantes películas y escuchando bastante música española.

– Deduzco por tus palabras que eso no es lo normal.

Ella se encogió de hombros mientras dejaba el cómic que acababa de hojear.

– A veces. Soy más sajona, pero va a temporadas…

Noa cogió el cómic en cuestión y lo comenzó a hojear. Se trataba de un manga muy extraño, cuyo nombre no le inspiró demasiado buen rollo.

– ¿Death note?

– Está bien. Lo leí hace años.

Él lo dejó sobre la pila de cómics y la siguió en dirección al pasillo de películas. Era inevitable llegar allí.

– ¿Y qué producto español has consumido últimamente?

– Pues para empezar la semana pasada me reenganché a Gran Reserva.

– ¿Eso no es una serie?

– Sí, la hacen en La primera.

– ¿Y qué tal?

– Está bien. Hay muchas cosas del guión que me chirrían, pero en general está bien. Pero esa no es la cuestión.

– ¿Y cuál es?

Danielle sonrió y Noa sintió un escalofrío que le subió por la espalda. No era solo la sonrisa, algo habitual en ella. Era el modo en que lo hacía. Tornando levemente la cabeza hacia él y mirándole de reojo, con una sonrisa pícara a la par que infantil. La sonrisa de una niña traviesa.

– Tristán Ulloa supongo.

Noa sonrió condescendiente.

– Supongo que te gusta.

– Supongo.

– ¿Por qué?

– No sé. Me cae bien, me parece atractivo…y el otro día, cuando lo vi en la serie, me quedé con ganas de ver más cosas de él…

– Ya entiendo: de ahí la vena española.

– …(sin hacer caso) y vi Que se mueran los feos.

– He oído hablar de esa película. Quería verla ¿qué tal?

– Muy, muy… muy bien.

– Pero ahí Ulloa no es el protagonista ¿no?

– No – de nuevo otra sonrisa pícara – pero sale genial: de cura… de cura hippie. – Levantó una película para mostrársela – por cierto, con esta – era la de Iron Man 2 – también te ríes mucho.

– ¿Te gustaba aun siendo cura? – mientras ignoraba deliberadamente a Iron Man.

– A ver, no me gustaba porque fuera cura. Me gustaba porque era él… y porque era muy gracioso, y atractivo.

– Pero igualmente… Tristán Ulloa…

– ¡Eh! ¡Cuidado con lo que dices!

Definitivamente era rara. Sus gustos eran raros. Y eso no hacía sino que le gustase más. Era inusual y todo aquello era, sin duda, problemático.

– Bueno ¿y qué tal el resto de la peli?

– Ya digo que me encantó. Está muy bien planteada y estructurada. Y es sencillamente divertidísima a la vez que tierna.

– Los protagonistas son Javier Cámara y Carmen Machi ¿no?

– Sí.

– ¡Vaya par!

– De eso se trata… y me gusta eso de que los feos también tienen derecho al amor.

Noa la miró fijamente. Temía que se pusiera a hablar de amor.

– Ni que tú fueras fea.

Danielle sonrió halagada y Noa pudo percibir que algo de rubor asomaba a sus mejillas.

– ¿Crees que soy guapa?

– ¿Necesitas que te lo diga?

Ella aumentó la sonrisa y él desvió la vista. ¿Por qué le parecía que aquel tonteo no era solo de amigos?

– Supongo que no, pero siempre viene bien.

– Veo que no te hace falta abuela… – dijo concentrándose en la primera película que se había puesto a su alcance: una de Steven Seagal.

Tras unos momentos de silencio levanto la vista y vio, sorprendido, que Danielle había desaparecido. Miró a su alrededor intentando localizarla, pero no había rastro de ella. Decidió seguir mirando alguna película esperando a que regresara, pero después de unos minutos de soledad se empezó a preguntar si no lo habría abandonado de verdad, lo cual no lo extrañaba después de todo, dado su espontaneidad. Salió entonces del pasillo a otro más ancho y, de repente, su vocecita sonó detrás de él.

– Toma.

Se giró sorprendido y la vio allí extendiéndole una bolsa. Él preguntó con la mirada y ella afirmó.

– Es para ti.

Pasmado cogió la bolsa y sacó de dentro la película Que se mueran los feos.

– ¿Me la has comprado? ¿Por qué?

– Porque quería. Te gustará.

– Pero Danielle…

– Además, hay que apoyar el cine español… o eso dicen.

Sonrió y le dio las gracias. Ella dijo que no había de qué y se dieron dos besos, los cuales a Noa le parecieron la mejor parte del regalo.

– La veré esta noche.

Después de salir de la tienda fueron a dar un paseo y ella le dijo que había quedado.

– ¿Con Álex?

– Sí. Hoy tenía un examen importante y sea que le haya salido bien o mal necesitará tomar algo.

Quería saber lo mínimo posible de Álex para poder tenerle antipatía cómodamente. Pero sintió curiosidad.

– ¿Qué estudia?

– Arquitectura.

Noa no preguntó más.

– ¿Te apuntas?

– ¿A qué?

– ¡A tomar algo!

– No, creo que paso…

– Oh, como quieras… pero me gustaría que algún día lo conocieras.

– ¿A tu novio… para qué?

– Para nada, porque eres mi amigo.

– …

No entendía por qué ella querría que su amigo y su novio se conociesen. ¿Eran todas las chicas así de raras? No recordaba que su ex-novia Sandra hubiera sido nunca tan retorcida.

– Bueno, esta noche tengo que ver una película.

Ella sonrió y cambiaron de tema.

Aquella noche Noa vio la película. Le gustó y se rió mucho. Y cada vez que salía Tristán Ulloa pensaba en qué podía ser lo que a Danielle le gustaba de él. Luego pensó que era inútil pensarlo. Por último pensó que quizá debería dejar de verla… al menos tan a menudo. Se estaba pillando por ella y, en realidad, no era algo agradable.

“Maldito Álex”, murmuró. Y ni siquiera lo conocía. Era mejor así, sin duda, porque seguro que era un tío genial… como Tristán Ulloa.

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