La telaraña

Había una telaraña en el techo, en el rincón. Lo sabía porque se pasaba la mayor parte de su tiempo mirando al techo. Al principio sin objetivo fijo, hasta que por fin se dio cuenta de que había una telaraña allí. Desde ese momento toda su visión se veía condicionada por esa telaraña. Si había una grieta, no había solo una grieta: había una grieta a un metro a la derecha de la telaraña. Si había una mancha, la mancha estaba en el rincón opuesto al de la telaraña. Que veía una araña, era la araña de la telaraña y no otra. Todo giraba ahora en torno a la telaraña. ¿Por qué tenía que haberse dado cuenta de que esa telaraña estaba allí? Su vida era más fácil antes. Era mejor. No había comparaciones ni puntos de referencia que le hicieran poner medida o adjetivos a las cosas. Antes de saber que la telaraña estaba ahí había una grieta en medio de la pared y no a un metro a la derecha de la telaraña; y la mancha estaba en medio del techo, punto.

Había una telaraña en el techo y maldijo el momento en que se dio cuenta de ello.

2 comentarios sobre “La telaraña

    1. Gracias Marta! A mí también me gusta. como puedes imaginar se me ocurrió después de estar mirando una telaraña un laaaaaargo rato contemplativo. XDD
      Por cierto, que aprecio muchísimo tu opinión. ^^

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