Piratas del Caribe

Hacía tres semanas que no sabía nada de ella. No es que estuviera evitándola. Simplemente no la llamaba. Y ahora que no lo hacía se estaba dando cuenta de que era él quien llamaba siempre. ¿Por qué? Ella también tenía su número. Y tenía manos y dedos… y una boquita que usaba continuamente y de maravilla. Ella también podía llamar.

Pero no llamaba. Y en el fondo no podía enfadarse, porque sabía que no era a mala fe, sino porque tenía tal cabeza que estaba seguro de que el tiempo para ella era algo totalmente distinto al del resto de la gente.

Lo peor es que los exámenes estaban prácticamente ahí y él no podía concentrarse porque hacía mucho calor. Y si conseguía encontrar un sitio lo suficientemente tranquilo y fresco para poder mirar fijamente el libro y que las letras tuvieran algún sentido para él, entonces ella irrumpía en su mente. Y él se preguntaba si estaría bien. Si estaría con su novio o con una amiga. Si estaría en el cine viendo alguna película. ¿Una de estreno o una reposición? Quizá estaba estudiando como él… Bueno, no como él. Él no conseguía leer ni siquiera dos frases seguidas.

De repente su móvil vibró.

Un mensaje.

Lo abrió y vio, mientras una sensación de felicidad lo inundaba, que era de Danielle.

No se había olvidado de él después de todo…

Le decía de quedar. Y firmaba con una carita sonriente. Noa pasó de ver en su mente los dos puntos y el paréntesis a ver su enorme y sincera sonrisa enmarcada por aquella infantil cara que tanto le gustaba.

Se vieron el viernes siguiente en la puerta de la biblioteca. Con la excusa de la necesidad de comer, pero estando cerca de los libros al mismo tiempo, no se sentía mal por no estar estudiando… y si las cosas se ponían mal, siempre podía volver a ellos.

Ella vestía unos pantalones piratas vaqueros y una camiseta ancha de un grupo de música con las mangas y el cuello cortados sin demasiado cuidado. Sonrió al verla. Sonrió más aún al ver que llevaba chanclas en vez de deportivas. En aquella época el campus y la biblioteca parecían más la playa que un lugar de estudios.

Fueron a comer a un bar cercano. De tapas. Hacía tiempo que no comía de tapas. Se pusieron al día y Danielle le contó una cosa tras otra, mientras Noa hojeaba una revista de cine que ella había traído consigo y saboreaba el último calamar a la romana.

– ¿Otra de piratas?

– Ah sí, la cuatro.

– ¿Cuatro ya? ¿No es pasarse un poco?

– Lo entiendo, van a la recaudación fácil… Pero la primera…

– ¿La primera qué?

– Nada, que es genial.

– ¿La de la perla negra? A mí no me terminó de gustar. Es demasiado increíble… obviamente es la mejor de las tres, pero aún así…

– Pues yo cada vez que la veo me maravillo.

– ¿Por Jack Sparrow? – preguntó Noa dirigiendo una mirada maliciosa y Danielle le tiró la servilleta en señal de protesta.

– ¡Pues mira, también! Pero la película entera me maravilla por la facilidad con que realidad y ficción se funden. – Noa abrió la boca para protestar, pero Danielle se adelantó a toda queja posible. – Está claro que decir que hay una maldición que los dioses aztecas pusieron sobre un tesoro, y que los que están bajo esa maldición se conviertan en calaveras andantes cuando la luz de la luna los toca es fantasioso y me quedo corta, pero no me niegues que está genialmente estructurado.

– ¿A ver si adivino: vas a hablarme de verosimilitud? Pero no hay verosimilitud posible en calaveras andantes y maldiciones. ¿Vas a comerte esas patatas?

Ella negó con la cabeza mientras se reposó más cómoda en su silla.

– Ya, sin embargo sí en la manera en cómo se desarrollan los acontecimientos.

– ¿A qué te refieres?

Las bravas estaban increíbles. El alioli era excelente y lamentó que las patatas estuvieran acabándose.

– A que todo sigue un orden lógico de causa y efecto. Nosotros, como espectadores, aceptamos un pacto tácito de credibilidad cada vez que nos sentamos a ver una peli o una obra de teatro o nos ponemos a leer un libro… siempre que todo sea contado de manera que no altere nuestra percepción de las cosas, claro. – Hizo una breve pausa para beber un poco de agua, y quizá para aclarar sus ideas. Noa no la interrumpió, estaba ocupado rebañando la poca salsa que quedaba esparcida por el plato con un pedazo de pan. – Por eso no nos parece descabellado que Will Turner decida unirse a un pirata – siguió ella –, siendo que odia a los piratas, porque su fin es el de liberar a la mujer que ama. Mujer que ha sido raptada por los piratas que estaban bajo el mando del capitán al que Turner se une, Jack Sparrow. ¿Y por qué han raptado a Elisabeth? Porque necesitan su sangre para romper la maldición en la que se metieron cuando traicionaron a su antiguo capitán. Todo tiene lógica. Todo sigue una línea de causa y efecto.

– Vale, vale, capto.

– Además, que aunque sea fantasioso a más no poder, las calaveras esas son creíbles.

– Sí, eso no te lo discuto: los efectos especiales son muy buenos.

– ¿Y los personajes?

– ¿Qué pasa con ellos? ¿También vas a hacer un análisis?

– Jo, si lo preguntas con ese tono, mejor no.

Noa sintió haber sonado algo brusco, pues no era lo que pretendía.

– ¡No, no, perdona! ¿Qué tienes que decir de los personajes?

– Nada.

– Que no, en serio… Seguro que tu favorito es Sparrow.

Ella sonrió.

– Claro que sí… pero Barbossa me gusta muchísimo también.

– ¿El capitán Barbossa? – preguntó Noa extrañado.

– Sip. Me encanta. Aunque creo que sus posibilidades como personaje no están completamente desarrolladas… porque Sparrow lo eclipsa… y porque la pareja de chicos guapos, Will y Elisabeth, también necesitan su protagonismo y no hay película para mucho más. A pesar de todo es un malo genial. Me encanta ese rollo poético desencantado y decadente que tiene. – Noa alzó una ceja porque no sabía qué rollo era ese. Ella siguió con su explicación incrementando por momentos sus ademanes. – El rollo ese que tiene cuando le explica a Elisabeth su maldición, esa escena creo que es sublime (no la escena entera, sino su monólogo) y luego cuando está haciendo los discursos del ritual de la sangre, con todo eso que dice de “el castigo infligido es desproporcionado a la pena cometida”, y es ahí donde se ve que es un líder excelente y se entiende cómo ha conseguido que la tripulación se amotine contra Jack cuando este también es tan listo y elocuente.

Noa la miró sonriendo y pensando que era absurdo haber estado casi cuatro semanas sin haberla visto porque a él le hubiera podido el orgullo de ser el que llamase.

– ¡Por cierto! – añadió con un tono animado y una sonrisa infantil – ¿no te parece gracioso que el apellido de la chica sea Swan?

Él no sabía a qué se refería.

– ¿Lo dices por la peli esa que hay ahora en el cine?

– No, no – respondió ella riendo –, lo digo por el significado literal: cisne. ¿Será que Elisabeth es bella como un cisne (o como la imagen típica de belleza que es, en oposición sobre todo al pato) o porque tiene el cuello larguísimo, y resulta que Keira Knightley tiene el cuello curiosamente largo?

Noa se empezó a reír por lo mala que era la gracia pero, sobre todo porque ella lo había dicho en serio por un momento, a la vez que emocionada como una cría. Él no había podido controlarse. Cuando se calmaba, el camarero se acercó a preguntar si tomarían café. Él la miró y ella negó. Pidió la cuenta y cuando el camarero se hubo alejado, añadió:

– A mí me gustó la Banda sonora.

Ella asintió con la cabeza exageradamente.

– A mí también.

– Por cierto, supongo que sabrás que el argumento de la peli estaba basada en una atracción de Disney…

– Disney tiene muy buenas ideas.

– ¿También vamos a analizar las de Disney?

Ella le dirigió una mirada fija y brillante y él comenzó a reír de nuevo cuando el camarero se acercó con la cuenta.

– Te parecerá una coña, pero te sorprendería pensar un poco más en ellas…

Él negó con la cabeza en señal de resignación mientras se levantaban. Una vez fuera del bar, recordaron que tenían que volver a la biblioteca y estudiar. Pero el sol estaba alto y el calor era extenuante. Miró la hora. Decidió que podía permitirse estar lejos de los libros un rato más.

– ¿Te apetece un café… o un helado?

– Me apetece, sobre todo el helado – respondió ella sonriendo.

Y entraron en el bar de al lado.

2 comentarios sobre “Piratas del Caribe

  1. ¡Estos dos me tienen enganchada! En serio, son fantásticos. Y estoy de acuerdo con Nerea, te mejoras con cada nueva entrega. Cuando pienso “Buah, ésta es la mejor, no va a poder superarlo”. Vienes con la nueva entrega y… ¡te superas!

    Ahora mismo pienso eso y me pregunto “¿La próxima superará ésta?”.

    Tendré que esperar.

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