Imbécil

¡Imbéciles! ¡Habían sido imbéciles – por no decir algo peor – al dejar que aquello los separara! Y es que se querían tanto… pero a veces el amor no es suficiente…
Pero no, imbéciles no: él.
El imbécil había sido él. Y es que odiaba su propia cobardía, su indecisión, no haberle dicho más a menudo “te quiero”… Pero sobre todo odiaba que ella se metiese en la cama sin calcetines, que siempre dejase el tapón del champú abierto, odiaba el ruidito nasal que producía al reír y que no se tapase la boca al estornudar…
Qué imbécil era. Había hecho bien dejándola marchar.

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