Tonterías

Siempre es buen momento para hablar de tonterías. Incluso cuando es un mal momento, si bien normalmente no sabemos que es malo en el momento. Más bien lo calificamos de malo después. En ese momento, el malo, también se habla de tonterías. Aunque no sean tonterías, aunque sean la materia más importante que atañe a nuestras vidas o a la vida de alguien – que aunque no sea importante en nuestra vida, por ser la vida de una persona ya es importante, porque la vida es importante en sí. Vivir es importante. Los que no viven están muertos… o eso tengo entendido, aunque hay distintos tipos de opuestos o antónimos: blanco-negro, alto-bajo, caliente-frío, padre-hijo… y vida-muerte. A veces aquello de lo que hablamos puede ser algo vital, pero estamos convencidos de que es una tontería, porque los humanos somos así, nos equivocamos mucho. Nuestra vida es una tontería continua.

Andaba buscando un relato en concreto de un autor que ya he mencionado otras veces y que volveré a mencionar, cuando he acabado en un blog de lo más curioso (callate-porfavor.blogspot.com). En él había escritos y entradas interesantes, y entre los muchos diálogos que subía el autor (ese blog le gustaría a un amigo: está lleno, abarrotado, atascado, de diálogos con todo el estilo que eso conlleva) había uno que me ha hecho especial gracia y que comenzaba así:

****

-Nada es así, tan importante.
-¿Nada?
-Bueno, excepto el hecho de que nada es tan importante.
-Eso suena muy extraño, lógicamente hablando.
-Ya lo sé, pero no tengo ganas de construirlo bien.
-¿No te parece importante?
-No.
-¿Y tu vida?
-Me importa a mí, pero no creo que sea tan importante.
-Pero hay cosas que, si te las quitan, te duele.
-Yo no digo que nada importe, sólo digo que no tanto como suele creerse.

****

Es un fragmento, la cosa sigue, pero se deteriora inevitable y catastróficamente.

El caso es que, pese a lo absurda que es la conversación, me ha hecho gracia, porque es parecido a lo que yo misma hago a veces. Y mientras lo leía, siendo objetiva, sin conocer de nada al autor y considerándolo tan solo como un ente informe y más que lejano, me he dado cuenta de la cantidad de tonterías que acumulamos – me incluyo – en nuestras vidas, obras, conversaciones. Pero creo que lo peor no es eso, sino que intentamos hacernos creer y creer a los demás, que esas tonterías son trascendentales.

Es solo una idea… seguramente es solo una tontería.

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