Una chispa de felicidad

Sale al balcón desde el bar VIP, el cual se encuentra en la sala de cristal y domina la discoteca desde las alturas. Podía ver el espectáculo perfectamente desde el bar, mientras se tomaba una copa, pero le apetece salir al balcón y sentirse moderadamente cerca de aquella masa de personas desconocidas que le importan poco y menos, e incluso le producen hastío. Quiere sentirse envuelta por la música, por el humo, por el olor a sudor y alcohol.

Sale al balcón con aire decidido. El ambiente está tan cargado allí como en el resto de las salas. Siente cierto mareo momentáneo, pero enseguida se habitúa y comienza a ver en la oscuridad intermitente a ritmo de focos y música. También hay bastante gente en el balcón, pero nada en proporción comparado con la que hay agolpada de modo insalubre allí abajo. El humo llena los espacios apenas inexistentes entre las personas que, en vez de bailar, se golpean y restriegan los unos a los otros, no por propósitos lascivos, mas meramente pragmáticos. Y es que no hay espacio físico para tanta gente… Espectáculo de humo y personas que saltan y menean cuerpos y cabeza al compás de una música estridente, también conocido como ruido, el cual corta de raíz toda posibilidad de un intento de conversación. ¿Para qué hablar cuando se puede saltar y bailar sin forzar a la mente a trabajar?

Ella lo observa con hastío. Casi con asco. Observa el espectáculo y comienza a imaginar que las máquinas de humo no expulsan inocente y decorativa sustancia vaporosa. Aquello no es humo, es monóxido de carbono… o Zyklon B. La discoteca no es una sala de baile, es una cámara de gas. Y todos aquellos ignorantes e inútiles jóvenes que se dejan llevar por la felicidad del momento, son ovejas en el matadero, disfrutando de su último momento de vida. Ella, por su parte, está a punto de observar un pequeño genocidio. Desde su palco privilegiado, donde la función se disfruta en tranquila seguridad. A decir verdad, más seguro sería la sala de cristal. Una sonrisa malévola asoma a su cara, bebe un sorbo de su bebida y regresa al bar, dejando un hueco libre en el balcón por un breve instante.

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