Capítulo sexto

Sara corría. Llegaba tarde a su cita. Había quedado con el hombre de la semana anterior, aquel que la había abordado a la salida de clase y afirmaba haber sido amigo de su madre. No estaba segura de que fuera realmente su amigo, y desde luego no le hacía gracia cómo la había abordado, pero sentía mucha curiosidad. Quería saber más y había algo en él que le impulsaba a verlo de nuevo.

Este le esperaba sonriendo amablemente, sentado en un banco. Se levantó al verla llegar.

– Ya creía que no venías.

– Perdón. Se me ha hecho tarde.

– No importa.

Sara y el hombre pasearon un rato por el parque mientras hablaban distendidamente de su madre cuando era joven. Había sido camarera de bar. Y tan guapa como Sara ahora. Ella quería saber cómo la había conocido. Él le contaba que había estudiado un par de años con su madre, filología italiana, hasta que ella lo dejó porque tenía problemas de dinero.

Comenzaba a anochecer y la calle se había ido quedando vacía conforme avanzaba la tarde y, de repente, el hombre se paró, dejando la frase a medias que estaba diciendo. Sara se volvió para ver qué le había pasado y se quedó pasmada al ver a Vincent detrás de aquel hombre, el cual le daba la espalda y sonreía desagradablemente. Inmediatamente entendió que algo no iba bien.

– Me has ahorrado mucho trabajo viniendo hasta mí personalmente. Sabía que la pequeña Sara no me fallaría…

La joven estaba confusa. No entendía. ¿Acaso se conocían los dos hombres?

– Vincent ¿qué… – pero se calló al ver la mirada de este.

– Sara, cariño, creo que Vincent está algo disgustado contigo.

– Cállate, René.

¿René? Lo tuteaba, así que definitivamente se conocían y Vincent no parecía muy contento de verlo. Sara se sintió estúpida por tratar con aquel tipo del que nada sabía. Por otra parte, la voz de Vincent había helado su sangre. Era más serena y espeluznante que nunca. Intentó explicarse, disculparse… pero calló al ver que el hombre daba un paso hacia ella y que Vincent, muy rápidamente, sacaba una pistola que dirigió en dirección a la nuca de René.

– Guapa, te presento al verdadero Vincent – el tono de René era burlón.

Vacilante todavía, Sara no pudo hacer nada cuando René se giró rápidamente y, apartando la pistola de Vincent, se arrojó sobre Sara para escudarse tras ella. Vincent no dudó un instante y disparó. La bala traspasó la oreja del hombre y comenzó a sangrar un hilo de sangre. Este sonreía todavía, mordaz, aunque consciente de la poca utilidad de su ventaja momentánea.

– ¿De veras no te importa que a la pequeña Sara le pase algo? – su tono sarcástico y cruel terminó de asustar a Sara, que comprendió lo tonta que había sido al dejarse engañar. René quería matar a Vincent, sin duda, pero ¿por qué?

René empezó a acariciar la mejilla de la joven de modo provocativo y entonces, Vincent, sorprendentemente rápido, se abalanzó sobre él, le dio un puñetazo en la cara que hizo que soltara a Sara, y empujó a la chica lejos, quien no se enteraba de nada.

– Vete – ordenó con su tono característico.

Sara, confusa aún, comenzó a correr y correr, y no paró hasta estar bien a salvo en su casa. Una vez allí pudo pararse a pensar en su simpleza y en que había metido a Vincent en un problema serio. Solo esperaba que no muriera por su culpa.

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