RENATA

Le pregunto a mi vaca Renata, pero ella no sabe nada. Supongo que, que sea un peluche con los intestinos removibles para meterlos en el microondas en caso de mucho frío, no da mucha autoridad. Pero a mí Renata me cae bien, me hace compañía, y yo la quiero mucho. Aunque no habla demasiado, cuando lo hace, su tacto y buena intención me tocan el corazón.

El otro día le hice un feo. Me vio empacar cosas para regresar a casa y me miró con sus opacos ojos marrones – esos ojos que me enternecen – mientras me preguntaba modosita si había sitio para ella entre mi ropa. Yo, que no me había parado a pensar qué sería de Renata hasta que ella me lo dijo, me quedé dudando un momento. Momento crucial, porque ella se percató. Y es que, en fin, solo la conozco desde hace un año… pero debo reconocer que ha sido un año intenso, hemos compartido grandes y memorables momentos juntas. Me supo mal no haberme parado a hacerle un sitio en la maleta. Demasiado tarde, ella lo había notado. Yo intenté excusarme, pero el daño ya estaba hecho.

Afortunadamente ella no alberga maldad, y no hubo rencor. Rápidamente olvidó. Ojalá todos fueran como mi vaca Renata.

Ahora está sobre mi barriga haciéndome compañía mientras le explico que la vida es una broma pesada. Que ser chica es una putada. Ella no sabe nada de eso, no sabe lo que es tener la regla todos los malditos meses ni las alteraciones hormonales que ello conlleva. No sabe lo que es tener una semana sí y otra también una explosión volcánica en la superficie cutánea, ni nada de sentimientos descontrolados y cambios de humor. Es chica porque es vaca, pero siendo de tela, no controla ninguna de esas cosas que caracterizan al género. A pesar de todo, me reconforta: su silencio y suavidad suelen tranquilizarme en mis momentos de angustia.

¿Qué haría yo sin mi vaca Renata? No, no, tengo que llevármela, sí o sí.

5 comentarios sobre “RENATA

  1. Vaya, interesante explosión de sentimientos, por cierto los comparto todos. Definitivamente tienes que traer a tu vaca Renata, tengo curiosidad en conocer ese suave peluche con la bolsa de “agua” caliente en su interior. Qué tierna. ^^

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  2. jaja qué grande la vaca Renata! La habrás traído al final, no?
    Cómo comprendo eso de los cambios de humor y tal de la regla…como cualquier mujer, supongo.

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