Harry Potter 7 – II

Estaba tirado en la cama, dejando pasar el tiempo y escuchando All around the world de Oasis en modo repetición. Estaba solo y la tenía a muy alto volumen. Por alguna extraña razón aquella canción le encantaba, le calmaba, y la había puesto lo más alto que sus oídos podían soportar, una y otra y otra vez sin descanso. Necesitaba la música así para no pensar en nada más. Pensar sólo hacía que se sintiera miserable y odiaba sentirse miserable. Sobre todo cuando tenía tantas razones para no serlo: había acabado los exámenes, era verano y hacía un calor sugerente de playa, y sus amigos habían organizado una barbacoa en casa de alguien. Era todo un cúmulo de factores que deberían ser causa de la más llana y completa felicidad; y sin embargo no podía dejar de pensar en su archienemigo, un archienemigo que ni siquiera conocía: Alex.

El teléfono sonó.

Sin ánimo revolvió las sábanas a tientas sin dejar de mirar el techo. No llegó a tiempo y la llamada se cortó justo cuando alcanzaba el aparato. Miró de quién era la llamada perdida. Le dio un vuelco el estómago: era ella, Danielle. Hacía semanas que no sabía nada de ella. Por lo menos tres desde que empezaran sus vacaciones. Consideró por un momento devolverle la llamada, pero resolvió que, si pretendía tener la fiesta tranquila, sería mejor ignorarla e intentar pensar en cualquier otra cosa. Quizá solamente poner, por enésima vez, la dichosa canción.

El teléfono sonó de nuevo.

Se había resuelto a no contestar, pero no pudo resistirse. Contrariado, descubrió que no podía escuchar su dulce voz. Con esfuerzo localizó el mando de la cadena de música entre otro pliegue de las sábanas y apagó el ruido.

– ¿Sí?

– ¡Hola!

¿Por qué tenía que tener esa voz, tan dulce y viva?

Noa saludó sin ánimo. No quería parecer maleducado, pero la verdad es que era la última persona de la que quería saber algo en aquel momento.

– ¿Qué haces?

¿Realmente quería saberlo?

– Nada.

– ¿Quieres ir al cine?

¿Y Alex?

– Eh…

– Siento llamar así de sopetón. Entiendo que tengas otros planes.

No que no quisiera ir, pero…

– ¿No tienes a nadie más con quién ir?

– No ¿¡te puedes creer que todos se van a la playa!?

Ya, pero ¿y Alex?

– Sí, mis amigos también iban a hacer algo de eso…

– Bueno, ya digo, no te preocupes… yo es que soy más aburrida, y que hay una que no puedo esperar más a ver.

– ¿Y Alex también va a la playa?

– Alex está haciendo unas prácticas en Oliva.

O sea que le llamaba porque Alex no podía. Totalmente comprensible: Alex era su novio, él no. Y aunque comprensible, doloroso.

– En la playa, vamos – sentenció él medio irónico.

Danielle rió. Incluso por teléfono su risa era bonita. Noa maldijo en su interior el momento en que contestó al teléfono. Ahora estaba perdido.

– Bueno pues ¿qué quieres ver?

– ¿En serio?

Su voz ilusionada convenció a Noa de que toda la angustia que él pudiese experimentar valía la pena si ella era feliz. Quedaron en verse al cabo de una hora en la puerta de los cines. Antes de darse cuenta estaba sentado en una heladería frente a Danielle dispuesto a debatir sobre Harry Potter y las reliquias de la muerte, parte 2.

– ¿Qué tal? – preguntó Noa abriendo la caja de Pandora.

– Como adaptación, la verdad es que está bien. Igual que lo estuvo la primera parte. Lástima que sea la última película.

– ¿Porque se acaba?

– No ¡porque vaya horas de ponerse a ser fiel al libro!

Noa sonrió hundiendo la cucharita de plástico en su tarrina de helado de fresa con limón, dispuesto a empezarlo y así tener una excusa para apartar la mirada de ella de vez en cuando. Quizá no una excusa, sino una obligación impuesta.

– Vale, ahora ignora por un momento que es una adaptación. ¿Qué te ha parecido como película?

– Pues, teniendo en cuenta que es una continuación de la primera parte, lo cual implica que empieza in res media a más no poder… no está mal, porque recordando lo aburrido que se hizo algunas partes de la primera, un poco de acción venía bien.

– Pero coincidirás conmigo en que… – por un momento la cucharita de helado se le resbaló y se manchó el pantalón. Murmuró para sí mismo, mientras pensaba que había sido de todo menos oportuno al jugar con la cucharita. Ahora Danielle se reía de él, aunque estaba claro que sin mala intención, y este notaba sus orejas cada vez más calientes. – Coincidirás conmigo… en que lo del banco y el dragón está un poco desaprovechado – se apresuró a terminar, intentando desviar la atención de la joven, mientras frotaba el pantalón con una servilleta.

– Sí, un poco – dijo ella, riendo aún y tendiéndole más servilletas.

Maldito helado…

En el fondo era perfectamente consciente de que era inocentemente gracioso, y que él ya tenía una edad como para avergonzarse por tonterías como aquella.

– Pero la batalla de Hogwarts…

– Sí, está bien, muy bien, sobre todo si comparas el estropicio que hicieron al adaptar la batalla en el Ministerio de Magia de Harry Potter y la Orden del Fénix, que me tocó la moral mucho.

Ahora fue Noa el que rió ante aquel comentario. Se le hizo difícil no saber cuál de las anteriores adaptaciones de Harry Potter no le habría tocado la moral. Danielle, sin embargo, había parado de reír. En parte porque había recuperado el hilo de la conversación, pero sobre todo porque estaba demasiado concentrada – fruncimiento de ceño incluido – intentando formar una espiral en su helado con su cucharita.

– ¿Y la batalla de Hogwarts de Harry Potter 6? – preguntó intentando aguantarse la risa.

– Nah, no me acuerdo – contestó ella sin cejar en su empeño de la espiral. – Me gustó tan poco que la he olvidado.

– ¿Y el final?

– ¿Qué final?

– El de esta peli. ¿No quieres el helado?

– Claro que sí – contestó ella levantando la vista ofendida. – Encima es de leche merengada, ¡con lo bueno que está!

– ¿Y entonces?

– ¿Entonces?

– ¿No te dijo nadie que con la comida no se juega? – alzó las cejas sorprendida y sonriendo pícaramente le reprochó:

– Mira quién habla. – Noa sonrió negando con la cabeza. Él no estaba jugando como lo hacía ella. No, señor. Danielle rió y dejando la tarrina de helado sobre la mesa se incorporó, dispuesta a concentrarse en la materia. – Pues lo de los 19 años después…

– …el epílogo famoso…

– Innecesario, aburrido, moñas, vomitivo.

Noa empezó a reír ante tanto énfasis descriptivo de su parecer, y más aún cuando ella lo miró seria, dando a entender que aquella era una materia que no debía tomarse a risa. No obstante al instante rió con él y entonces Noa se dio cuenta de que ella se había maquillado un poco. No mucho. Lo necesario para resaltar sus brillantes ojos azules. Miró a su helado y se concentró en él.

– Capto. ¿Y el final de la batalla: lo de Voldemort y todo eso?

– Largo. Demasiado. Lo de King’s cross (que por cierto, la estación que muestran al final, ese gran edificio rojo, no es la estación de King’s Cross, sino la de St Pancrass, que está al lado de la otra… ¿será que había obras para rodar allí?)…

– Será.

¿Por qué sabía eso? ¿Era porque había estado en Londres? Nunca le había contado que hubiese estado en Londres…

– Bueno, esa escena, la de su movida mental, ya en el libro piensas ¿y esto? ¿Qué hace Rowling? ¿Por qué?

– Pero entiendo que tenga que hacer que de alguna manera Harry se salve.

Y entonces Noa cayó en la cuenta de que, a decir verdad, Danielle no contaba mucho de sí misma. Sabía que tenía novio porque surgió un día en una conversación, pero de no ser por ello, Noa empezó a dudar seriamente que se lo hubiese dicho ¿Y eso por qué?

– Ya, es comprensible…

– Al fin y al cabo es el héroe y hay que edulcorar la saga para el público infantil que arrastra de libros anteriores.

Y la gente, los amigos, se contaban cosas de sí mismos para conocerse…

– Sí, pero un héroe de verdad, uno clásico, tendría que haber muerto.

– Ya, ya, para nivelar el bien y el mal y todo eso ¿no?

… saber cosas personales de los otros…

– Precisamente. Y Voldemort…

– ¿Qué pasa con Voldemort?

No sólo películas y más películas…

– Pues que sale patético, no solo por Ralph Fiennes y su llamémosla extraña interpretación del papel (y mira que a mí Ralph Fiennes me gusta mucho).

– Sí, sí, ya sé

¿Qué hombre no le gustaba? Eso último Noa lo pensó con cierto resquemor. ¿También le gustaba él? Cabía la posibilidad.

– Pero el personaje, todo él, falla. En teoría el tío es el mago tenebroso más grande de todos los tiempos. Y sin embargo sale súper decadente. Y cuando está dirigiéndose a la gente, tanto en la distancia como en persona… – hizo ademanes al intentar encontrar una palabra. Sin éxito, claramente: – ¡no mola nada!

– ¿Y el resto de personajes?

Pero igual le podía gustar él que otros chicos que pudiera conocer, pensó Noa, o los cientos de actores que conocía por todas las películas que veía.

– Vamos por partes. Lloré (como en el libro) cuando vi que tanta gente moría. Desde Fred, pasando por Tonks y Remus. La muerte de Remus, sobre todo, me fastidió mucho.

Noa pensó que, por alguna razón, no le extrañaba lo más mínimo.

– ¿Y Snape?

– ¡Ay, ay, ay, mi Snape! – exclamó excitada y sonriente Danielle, provocando una sonrisa, reacia en principio, en Noa.

– ¿Tu Snape?

Claro, Remus y Snape también le gustaban. Snape incluso era su Snape…

– Mi Snape, sí, qué grande es, pobre hombre. Mira que a mí desde el mismo principio de los libros me gustaba. Por su manía a Harry (manía que desde el cuatro libro comparto, y más aún desde el quinto), hasta por su historia de fondo y su carácter. Ahí, malote, pero con su fondo bonico…

– ¿Qué tendrán los malos con fondos bonicos?

Y a pesar de todo, ella estaba con Alex, quien era un tipo real, no salido de ninguna ficción.

Al pensar esto, Noa fijó su mirada en el helado de nuevo. Aunque no hubiese helado, llegado ese punto tenía que apartar la vista de Danielle. Todo era culpa suya por pararse a pensar, claro. Con lo bien que estaba él en su cama escuchando Oasis.

– Bueno ¿juicio final de la peli?

– Pues… deficiente en algunos aspectos, aburrida al final por necesidad, entretenida en general y ocasionalmente emotiva. Me ha gustado.

Ya quedaba menos para acabarse el helado. Cuando lo hiciese diría que tenía que irse, que había quedado o algo. Definitivamente tenía que irse.

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