Segunda parte – Capítulo X

(…)Azorín va repasando la inmensa colección de retratos. Y por un azar que llamaremos misterioso (…) sus ojos se fijan en cinco fotografías que son como emblemas de todo lo más intenso que el hombre puede alcanzar en la vida.

La primera es símbolo de la Voluptuosidad (…) Este hombre se llama Antonio Claret y Calá. Y fue un hombre realmente, porque gozó de lo más placentero e intenso que hay en el mundo: del amor. (…) [ A. Claret y Clará (1807-1870) fue un prelado español canonizado en 1850… legó a ser confesor de Isabel II y muy importante en política. Con la Septembrina tuvo que emigrar con Isabel. Fue acusado de relaciones no santas con la Reina y con Sor Patrocinio]

La segunda fotografía simboliza la Fuerza. Es un hombre recio, enérgico, brutal (…) Este hombre se llamaba Antonio Cánovas de Castillo. Debeló a las muchedumbres, se impuso a los reyes, hizo y deshizo en un Estado que se movía a su antojo… Fue grande porque su voluntad lo anonadaba todo. [Cánovas del Castillo (1828-1897) fue el mayor artífice del sistema político de la Restauración, convirtiéndose en el máximo dirigente del Partido Conservador, y otras cosas más. Interesante su vida, echadle una ojeada a Wikipedia luego]

La tercera fotografía es la de un gentilísimo caballero que apoya ligeramente la mano izquierda sobre el respaldo de una ligera silla. Está pulcramente afeitado; su cara es bellamente ovalada (…) Este hombre es la Elegancia; se llamaba Julián Romea. Y fue adorado por los públicos y por las mujeres. [Julián Romea y Yaguas (1813-1868) fue un actor y un literato español, gran representante de las tragedias distinguido por su arte de declamación natural. Triunfó grandemente]

La cuarta fotografía representa a (…) José de Salamanca. Simboliza el Dinero. Por él fue grande, y su grandeza fue mayor porque supo gastarlo y despreciarlo… [Este hombre no sé quién fue]

Y hé aquí el postrer retrato. Ante todo este retrato tiene fondo; los demás no lo tienen. (…) Ante este fondo un hombre de cerrada barba; tiene en la mano un sombrero de copa; el pantalón es de menudas rayas. (…) Este hombre se llamaba Gustavo Adolfo Bécquer. Es el más grande poeta del nuestro siglo XIX. Simboliza la Poesía.(…)

Azorín ha mirado largamente estos cinco retratos. Y ahora sí que él, que tiene alma de artista, se ha puesto triste, muy triste, al sentirse sin la Voluptuosidad, sin la Fuerza, sin la Elegancia, sin el Dinero y sin la Poesía.

Y ha pensado en su fracaso irremediable; porque la vida sin una de estas fuerzas no merece la pena de vivirse.

José MARTÍNEZ RUIZ, La voluntad

Los breves datos biográficos en cursiva son míos, para que os situéis un poco más. Saludos.

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