Rompe Ralph

Esta película, cuya existencia descubrí hace muy poco (no ha sido de esas que he esperado impaciente durante meses), ha resultado ser una muy grata sorpresa. Me ha encantado, pues tiene incontables guiños nostálgicos que motivan más de una sonrisa a la gente crecida como yo, además de los continuos gags que suscita la historia en sí misma. También os encontraréis al verla con un par de escenas emotivas que, en contra de cansar o desmerecer el resto cómico, enriquecen el visionado y harán el, hasta cierto punto esperable final de la peli, mucho más dulce y genial.

El resultado de ver esta película tan fantástica han sido unas grandes ganas de ver más películas de animación, género que tenía bastante olvidado/obiado salvo casos excepcionales. Me dispongo, por lo tanto, a ver hoy Gru, mi villano favorito (Despicable me), de la cual sacarán pronto una segunda parte – he visto el tráiler y pinta muy, pero que muy bien -, y próximamente otras que ni siquiera había contemplado ver, por ejemplo, Cómo entrenar a tu dragón (gracias a una recomendación personal, debo apuntar). Y es que esta nueva hornada de películas de animación a la cual Disney se subió al carro bastante acertadamente, juega perfectamente con gustarle a un público amplísimo que no solo abarca a los niños y padres (por pseudobligación), sino también a los jóvenes, gracias a los continuados guiños a su infancia no tan lejana y a unos gags objetivamente desternillantes.

A propósito de esto, pienso en algo que leí ayer con referencia a Peter Jackson y su inesperado (era inesperado hace 10 años) triunfo en un mundo en el cual nadie hubiera esperado que triunfase, dado su perfil y el perfil generalmente deseado y potenciado en Hollywood: lo friki está imperando como norma, más que como excepción. Y yo me pregunto: si ese es el caso ¿hasta que punto sigue siendo friki (o extraño)? Si se trata de una moda ¿hasta qué punto es algo genuino, auténtico? Tal es el caso de las continuas e inagotables (o recursivas) adaptaciones de cómics, por ejemplo. No sé, la verdad, cuánto durará esta moda, pero es innegable que muchos de los productos que genera son muy buenos y no queda sino disfrutar de esto mientras dure o hasta que empiece a degenerar sin remedio. Personalmente, creo que la adaptación del antes citado Jackson de El Hobbit es un claro ejemplo de este declive que temo.

Rompe Ralph está ahora en cines y os la recomiendo totalmente.

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