Cómo un país queda en evidencia en materia de educación

En 1975 empezamos la democracia en España y poco después se emite la Constitución de 1978. Parecía que los políticos del momento se estaban frotando las manos para promulgar un edicto tras otro, como quien se descarta jugando al mentiroso (un juego que en esas altas esferas gusta, solo que cada vez lo juegan peor: y es que, qué malas son las cartas – porque la culpa siempre serían de las cartas, nunca del jugador, ¡eso está clarísimo!)

Desde ese momento, decimos, se abre la veda para ser zote en materia de educación y soltar una carta tras otra, legislativamente hablando y, por extensión, en cualquier ámbito político, por lo visto.

Sé que lo sabéis, no soy nada singular señalando esto, pero me apetecía hacerlo. Porque un poquito harta sí que estoy de todas las polémicas y controversias en torno a la educación, también estoy un poquito harta de mi estúpido máster y, sobre todo, estoy harta de que no paren de complicarle la vida a la gente desde todos los ángulos posibles de esta absurda sociedad.

La gente que manda se aburre, ¿eh? He aquí la retahíla:

– Ley Orgánica que regula el Estatuto de Centro Escolares (LOECE) de 1980
– Ley Orgánica de Reforma Universitaria (LRU) de 1983
– Ley Orgánica del Derecho a la Educación (LODE) de 1985
– Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE) de 1990
– Ley Orgánica de Participación, Evaliación y Gobierno de los Centros Docentes (LOPEG) de 1995
– Ley Orgánica de Universidades (2001)
– Ley Orgánica de Calidad en la Educación (LOCE) (2002)
– Ley Orgánica de Educación (LOE) en 2006
– Ley Orgánica4/2007 de 12 de abril por la que se Modifica la Ley Orgánica 6/2001, de 25 de diciembre de Universidades (LOMLOU)
– Proyecto de Ley Orgánica de Modificación de la Calidad Educativa (LOMCE, mareando desde 2012)

¡Que se les va a acabar las combinaciones de siglas que empiezan por LO!

Mira que en España nos gusta marear, gastar dinero sin sentido, quitarlo de donde realmente hace falta y volver a marear… Resumiendo, como decía mi abuelo: “¡A cavar los ponía yo a todos (los políticos y mandamases)! Ya verías cómo se les acababa la tontería”

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