Deshojando margaritas

La vida era eso: margaritas junto a la piscina en un hotel de cinco estrellas en la costa este del país y un deseo incomparable de holgazanear día y noche.

No había nada más irritante que una bebida aguada a causa del hielo deshecho o el servicio de habitaciones a deshorsa. Afortunadamente aquel hotel era excelente y se había preocupado por conocer sus rutinas y preferencias. El hielo, por otro lado, era responsibilidad suya.

Y eso que todavía no se había bronceado lo suficiente como para lucir torso a gusto. Aun así se resolvió a disfrutar lo máximo posible de la hamaca, el sol y el cóctel y actuar como si no fuera superficial en absoluto. Tampoco había demasiadas mujeres atractivas alrededor, así que tampoco era una gran pérdia. Tiempo al tiempo. Sol y cielos azules. Ni una nube.  Y la promesa de su esculpido cuerpo moreno en breve.

De pronto una ligera brisa.

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