Glasgow

Aún siento la emoción de primeriza cada vez que paseo por el centro de Glasgow. Me encantan las amplias calles llenas de taxis pintorescos y buses de dos pisos. Disfruto contemplando sus edificios victorianos de grandes simetría e impresionantes fachadas, así como las joyas escondidas de arquitectura que se diseminan por toda la ciudad de modo humilde y pretencioso a la vez. También me gusta su población variopinta, de distintos orígenes y clases, con contrastres evidentes – a veces incluso intimidantes – con sus nativos borrachos, extranjeros llamativos y jóvenes ociosos y ruidosos.

Esta ciudad tiene un bullicio y un encanto que tal vez no son exclusivos a Glasgow, pero sí especialmente particulares en ella. Ahora que llueve, incluso, siento que es una oportunidad perfecta para meterse en una de las muchas cafeterías acogedoras que pueblan sus plantas bajas, buscar una mesa cercana a una de sus grandes ventanas y observar el espectáculo. Las calles lucen distintas bajo la lluvia, ni mejor ni peor.

En general, la gente de Glasgow no parece preocuparse por la lluvia. No parecen sentir el efecto del agua mojando sus ropas ni sienten el apremio de ponerse a cubierto. Raro es ver a alguien con paraguas. Como mucho, una capucha, aunque sea esta de una chaqueta de tela permeable que al poco va a servir de más molestia que resguardo. La actitud de la gente de Glasgow hacia la lluvia dice mucho del carácter reinante. Son gente abierta y despreocupada, pero tambien inconsciente en cierto modo. Dispuestos a quejarse una y otra vez por el tiempo, pero en realidad, indiferentes a su efecto. Alegres de carácter, quejicas por vicio aprendido, la gente de Glasgow es, como la ciudad, una gema infravalorada. Glasgow es una buen sitio donde vivir. Con gente buena con la que crear vínculos y compartir momentos.

Cuando deja de llover y sale el sol – esto pasa unas horas cada dos semamas y una semana en verano – se aprecia todavía más la belleza del entorno. La suciedad de las fachadas es más aparente, pero parece pertinente a edificios que han estado erigidos tiempo y han visto mucha vida pasar. Los boquetes de las calles son más evidentes al mostrar los restos de agua que los llenan mientras el resto del asfalto se va secando. La gente sale a la calle todavía más y el bullicio crece. Yo salgo también y respiro el aire frío que me llena los pulmones y me quita de inmediato todo resto de sueño que me había entrado en la acogedora cafetería. Es hora de vivir, aprovechar el parón de la lluvia. Es hora de sonreír porque vivo en un sitio especial y me siento afortunada.

Da igual lo fea que algunos la juzgan, da igual lo gris que está casi siempre. Glasgow es mi ciudad, tanto como Valencia. Y no podría escoger entre ninguna de ellas igual que nadie podría escoger entre su madre y su amante.

Un comentario sobre “Glasgow

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s