El día que tuve la idea de Frozen

Estaba en mi casa y era un día como otro cualquiera, grisáceo o blanquecino, con gotillas que tildaban las ventanas de mi comedor de modo fino, casi delicado. Yo estaba sentada a la mesa, intentando estudiar, debatiéndome entre leer otro párrafo lleno de letras que se empezaban a distorsionar o contemplar las gotillas en las ventanas o las ramas del árbol que bailaban al compás del viento, más allá del cristal.

Tenía frío. Me di cuenta de repente, cuando era ya demasiado tarde y este parecía haberse apoderado de todo mi cuerpo sin remedio. Las extremidades estaban incómodamente frías, los dedos de los pies y de las manos también, helados. Incluso la punta de la nariz la sentía congelada.

Me levanté, contrariada, a mirar el termómetro; pero según este, la temperatura de la casa era adecuada, ligeramente por encima de los veinte grados, sin duda temperatura harto superior a la que había en la calle. No obstante, yo me encontraba con frío, así que subí un poco la temperatura del termostato para obligar a la calefacción a ponerse en marcha. También puse agua a hervir para hacerme un té y mientras la tetera hacía su trabajo, fui a la habitación a por una chaqueta. De vuelta a la cocina, hice una parada en el baño y mientras terminaba de aligerar la vejiga, pensaba en lo extraño que era tener tanto frío.

Entonces tuve la idea: ¿por qué no escribía algo sobre una mujer que vive en un país helado, pero no porque el país sea helado en sí, sino porque ella es la fuente del frío y la que lo lleva consigo? Sí, el frío es parte de ella… el frío sale de ella… en un mundo ideal podría controlarlo, pero aún no ha aprendido…. Técnicamente es poderosa, pero en un principio no tiene ni idea. Es como que el frío la sobrepasa…

Clic, la tetera había saltado y mientras vertía el agua caliente sobre la bolsita de té, observé parte del vapor que se evaporaba. De pronto, tal como me había dado cuenta de que tenía frío, hice la conexión en mi cabeza de que aquella idea era básicamente la de Frozen. ¡Oh, no! Era la idea de Elsa, me estaba comparando con Elsa, porque obviamente en mi historia yo había sido la princesa del frío… Solo que yo era bastante menos glamurosa, y en vez de un vestido espectacular llevaba tres chaquetas encima, un té entre mis manos para templar mis dedos helados y en aquel momento iba directa al radiador para apoyarme un rato en él y calentarme las piernas y la espalda. Tal cual.

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