Él no lo haría

Ayer fui a la protectora de peluches. Mi hermana ha sido mamá recientemente y pensé que al bebé le vendrá bien tener un amiguito que le acompañe a lo largo de su proceso de desarrollo. Me alegra solo pensar en cuánto disfrutarán al dar sus primeros pasos juntos, al decir sus primeras palabras juntos, al compartir incontables momentos y ratos de juego y ocio, que se hagan amigos de verdad, que aprendan a darse apoyo en momentos difíciles o a sacarse de quicio el uno al otro.

Escoger el peluche perfecto no fue fácil, la protectora está llena de candidatos atractivos. Me decidí por este peluche dinosaurio y no otro porque me cautivó su pecho de purpurina, su media sonrisa y su mirada caldeada por el matiz blanco bordado en sus ojos. Ya sé que todos los peluches dinosaurios eran muy parecidos y lo cierto es que se me rompió el corazón de ver a tantos allí, puestos unos juntos a otros, sin apenas espacio para moverse, luchando por destacar entre el resto, por llamar la atención de aquellos que vamos con la intención de adoptar a un escogido… solo a uno. La competencia es terrible, tanto como las condiciones en las que viven. Pero no podía llevármelos a todos y me decidí por este y no otro.

Solo espero haber tomado la decisión correcta y no encontrarme, en seis meses, con una hermana molesta por la faena extra que supone cuidar tanto de un bebé como de un peluche problemático. Supongo que es un poco lotería, que nadie me garantiza que este peluche será el adecuado. Y, sin embargo, presiento que he escogido bien y que él y mi nuevo sobrino serán perfectos el uno para el otro.

Espero también que, cuando llegue el momento y el dinosaurio se haga mayor, no abandone a mi sobrino, porque sé lo que duele cuando tu peluche te sobrepasa, cuando se aburre de ti y ya no te presta la más mínima atención, que te ignore desde el rincón de la habitación al que se ha recluido, que ya no te confíe sus secretos y frustraciones contigo, que ya no te busque para abrazos y camelos. Espero que el peluche dinosaurio no abandone a mi sobrino cuando se pase la novedad, porque sé de sobra – aunque mi sobrino no ha empezado a desarrollar carácter o conciencia – que él no lo haría.

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