Fin de curso

Llevo unos días leyendo crónicas de Javier Cercas, porque he descubierto que me encanta como escritor y que dice cosas bien pensadas y muy bien dichas.

Hoy comparto aquí un fragmento muy revelador sobre los profesores, la enseñanza, la educación y que me parece muy a colación con el debate de cómo está el tema en España actualmente (en tema de educación, que hay muchos debates y frentes abiertos y ya se sabe que, aunque sea simplicar un tanto… ¡en general está todo fatal!)

Hablo de cómo, en vista de la situación de confinamiento y de cómo han decidido alargarlo todavía más (hablan del 9 de mayo ahora), habían decidido llegar a un acuerdo para promocionar a todos los alumnos que se han visto recluidos como todos y obligados a recibir clases online, que puede que reciban o no (por motivos de desidia y pasividad personal o problemas socio-económicos que desconocemos).

Luego resultó que unas cuantas autonomías (la comunidad de Madrid, Andalucía, Castilla y León, País Vasco y Región de Murcia) se habían negado a pasar por el aro del supuesto acuerdo vinculante.

Ahora me da por pensar en la importancia de los exámenes y que mi opinión al respecto está dividida y que la situación es compleja sobremanera y creo que este texto de Cercas, si bien algo añejo, es todavía relevante y por lo tanto viene muy bien leerlo para coger otro poco de perspectiva.

***

[…] y también me digo que ahora sé que las cosas no son como yo creía: ahora sé que los profesores no son invulnerables, sino carne de depresión, como sé que la consideración de que mayoritariamente gozan es ínfima, en parte porque, aunque la gente se llene la boca hablando de la importancia de la educación, en el fondo ésta les importa un rábano, y en parte porque muchos profesores, quizá contagiados por el desprecio ambiental, acaban despreciando su propio trabajo -que es una forma de despreciarse a sí mismos-, o porque han olvidado la advertencia de Joubert: “Enseñar una cosa es aprenderla dos veces”. O quizá es que, por mucho que uno se empeñe en creer que sí pueden enseñarse algunas cosas de verdad importantes, en el fondo del fondo todos sabemos que nadie puede ejercitar a nadie en los pocos aprendizajes que de verdad cuentan. En el aprendizaje de la decepción, como lo llama Félix de Azúa. O en ese otro aprendizaje del que habla Nietzsche: “Poco a poco he comprendido el defecto más general de nuestro tipo de educación y formación: nadie aprende, nadie quiere aprender, nadie enseña -a soportar la soledad”.

La crónica “Fin de curso”, Javier CERCAS, https://elpais.com/diario/1999/05/24/catalunya/927508042_850215.html

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