Novela corta en dos partes

He estado liada tiempo con varios proyectos, algunos de los cuales ya conocéis.

Aparte de los relatos que escribo (y de algunas cosas ajenas que me llaman la atención, sean de literatura, cine o música), he estado compartiendo con vosotros los podcast que han surgido a raíz de estar encerrada en casa durante la crisis del Coronavirus.

A pesar de las restricciones y limitaciones obvias, a pesar de no poder viajar como me gustaría o de visitar a mi familia y amigos en persona, el confinamiento está teniendo su lado bueno. De hecho, está resultando maravillo desde el punto de vista cultural y creativo. Ya sabéis de artistas que se han volcado en compartir en la red su granito de arena para pasar el aislamiento lo más en compañía posible.

Por mi parte, estoy leyendo como nunca, estudiando tanto o más que en mis años mozos, con el añadido de tener ya una base previa y algo más de criterio, y también escribiendo más frecuente y decididamente.

Hoy quiero compartir con vosotros que por fin me he decidido a publicar una Novela corta en dos partes. Más largo que uno de mis habituales cuentos, pero menos que una novela típica. Y, por supuesto, con los mismos ingredientes de humor y cariño que suponen la receta principal de todas mis creaciones literarias.

Si queréis, podéis adquirirla ya mismo en formato digital en Amazon. Podéis seguir el enlace que os dejo aquí.

Para que os metáis un poco en situación, aquí os dejo el principio:

***

Terminé el primer año de carrera con ciertas dificultades, alguna de las cuales consistían principalmente en que aún estábamos en periodo de exámenes y no me apetecía estudiar más. Por eso el día que salí de mi último examen sentí la libertad de manera tan exacerbada que regresé a casa con el pleno propósito de no hacer nada en mucho tiempo. Por desgracia mi madre tenía otros planes para mí: me había conseguido un trabajo en la Taberna del tío Paco, taberna que poseía un amigo de un amigo de mi madre y que estaba cerca de casa. Algo frustrada, pero igualmente decidida a perder el máximo tiempo posible antes de empezar a trabajar, me puse a ver películas como una loca. Una tras otra, vi tres películas y media, hasta que finalmente mi cabeza empezó a doler de una manera molesta y persistente. Entonces, y para variar, decidí alejar mi vista de la pantalla y comencé a escribir en una libreta.

En un principio escribía sin rumbo ni idea previa, pero a mí no me costaba demasiado imaginar historias, de modo que pronto me enganché con ganas. Acababa de terminar primero de Filología hispánica, así que consideré oportuno intentar escribir algo grande. Tal vez un libro. Ya en el colegio me había dado por la escritura y había escrito relatos cortos que incluso habían sido alabados por conocidos míos. No obstante, un libro, o sea, una novela era una empresa más ambiciosa que cualquier relato que hubiera podido escribir hasta la fecha y consideré que quizá era la hora de intentarlo. Además, me dije que tenía tiempo – tres días para ser exactos – para emprender aquella empresa y decidí abordarla sin mayores preámbulos.

Pronto me vi a mí misma escribiendo sin parar, con un ritmo y una determinación que me maravillaban. Todo parecía surgir solo, como si aquella novela siempre hubiese existido en mi mente o en el mundo de las ideas y lo único que yo debía hacer era sentarme a atrapar las palabras en el papel, con mi bolígrafo comercial del banco del barrio.

Se trataban de historias entrelazadas de varios jóvenes ambiciosos que pretendían hacer algo útil con su vida y que, no obstante, solo conseguían quedar como inútiles delante de la gente a la cual pretendían impresionar. La pretendida base de humor era importante, pero reinaba el optimismo exagerado y el sentimentalismo barato. Supongo que, para empezar, la base ya era deficiente y ahora, mirando atrás desde mi posición algo más madura, podría asegurar que la forma de tratarlo era pésimo, infantil incluso. Pero en su momento me pareció bueno y todo y yo ansiaba terminar mi primera novela y conquistar el mundo de las letras con ella.

Desafortunadamente, la novela no la terminé en aquellos tres días y mi vena creativa se vio interrumpida sin remedio cuando me tocó incorporarme a la vida laboral en la molesta Taberna del tío Paco. Así pues, dejé mi obra a medias cogiendo polvo en el cajón de mi escritorio el resto del verano. En el momento en que dejé de escribir a aquel ritmo, las historias murieron de asco en mi cajón, esperando en vano a ser rescatadas de aquel supuesto mundo de las ideas.

***

Podéis encontrar Novela corta en dos partes en Amazon.com (o en sus variantes nacionales) buscando el título o el nombre de la autora (una servidora). También podéis seguir este enlace.

Además, como oferta especial a mis lectores habituales (¡vosotros, por supuesto!), podréis descargaros el libro gratis durante todo el día de mañana (1 de mayo).

No lo dudéis y aprovechaos de esta oferta. Eso sí, ¡luego decidme qué os ha parecido!

¡Feliz lectura!

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