Sobre los ‘millennials’

Esta semana ha sido un poco una montaña rusa de sentimientos.

Por un lado me ha invadido un positivismo enorme por el avance de la situación con respecto al Coronavirus, tanto en España como en Escocia. La fase 1, casi 2 en mi casa española, y el aliciente de que a partir de junio, las cosas empezarán a volver a la normalidad también en mi casa escocesa, me hacen pensar en la posibilidad cada vez más cercana de ir a algún otro lado más allá del parque y el paseo del río (y el supermercado) OTRA VEZ e incluso tomarme una cervecica con amigos. Además he estado leyendo y escribiendo bastante, sobre todo poesía. Le estoy dando a la poesía estos días, tan propicios para la introspección.

Por otro lado, me he sentido un poco despagada cuando me he dado cuenta de que muchas de las cosas que hago probablemente sirven para poquito e incluso son, discutiblemente, una pérdida de tiempo. Pero eso es mi cinismo y negatividad intrínsecos, que unas veces repuntan más que otras.

Sin embargo el golpe duro, el descubrimiento que me ha hecho sentir que mi realidad se desmoronaba por momentos, que me ha llevado hasta la curva más baja de esa atracción de parque temático tan cruel que es la vida, ha sido el siguiente.

Resulta que, desde que esto del confinamiento empezó, asisto a un grupo en línea llamado The Scribbler’s Union, organizado por Kevin P. Gilday, un magnífico poeta de Glasgow, a la vez que una bellísima persona. Pues resulta que en este Scribbler’s Union, un grupo de aficionados a la poesía, protopoetas algunos incluso, compartimos el rato y creaciones propias para disfrute y beneficio literario de todos los asistentes.

El problema surgió porque una chica muy maja empezó a leer un poema en el que había estado trabajando un par de semanas y que iba dirigido a los millennials. Yo y el resto de los presentes en la conferencia virtual, asentimos con sonrisa socarrona anticipando unas risas y presté mis oídos admirada como siempre que alguien es capaz de unir habilidad y sentido del humor de una manera natural, que es algo que Jenny – que así se llama – hace muy bien.

Pues resulta que yo siempre he pensado que los millennials era el grupo de jóvenes nacidos a partir del 2000, esto es, en el nuevo milenio. Tiene lógica mi lógica, ¿verdad? Pues al parecer estaba equivocada y me fui ido percatando poco a poco mientras la creativa y divertida Jenny, iba leyendo un verso tras otro haciendo referencias a hechos y mitos colectivos con los que yo me sentía personalmente identificada. Que si Tetris, que si Mario Bros, que si Link, que si infancia analógica y adolescencia digital, y varios otros puntos más que yo pensaba:

– Espera un momento, ¿qué está pasando aquí?

Tras ese momento de incertidumbre, acaso horror por lo que empezaba a intuir, fui corriendo a Google (que es lo que hacemos desde mi generación en adelante como primer recurso) a buscar cuál es la generación de los millennials, a la que también se conoce, no tardé en descubrir, cómo Generación Y, que viene después de la Generación X y le sigue la Z, todo lo cual me hacía preguntarme:

¿Empezarán el abecedario de nuevo con generaciones posteriores, como con los nombres de los huracanes?

A lo cual el mismo Google me respondió, por supuesto, y es que en cierto modo sí, pero haciendo cosas raras, porque a la Z le sigue la Generación alfa, o sea la letra a en griego. Y si miras antes de la Generación X, está la Generación del Baby boom, y antes la Generación silenciosa…

Todo esto no hacía sino generarme tantísimas otras preguntas:

1. ¿Quién decide nombrar las generaciones?

2. ¿Por qué escogen esos nombres?

3. ¿Por qué después de la del Baby boom, empezaron con la X, en vez de la A?

Y otras más que no recuerdo con precisión, pero fueron varias. Pero bueno, que me desvío y el tema es que no puedo trasladar aquí cuál ha sido el calibre del impacto que ha tenido la revelación de que la generación de los millennials es la constituida por las personas nacidas desde mitad de los 80 a la mitad de los 90.

¿Y por qué el impacto? Os preguntaréis.

Pues simplemente porque, hasta la fecha, cuando oía hablar de la gente de esa generación, eran siempre comentarios negativos, casi peyorativos, con muchos de los cuales yo ciegamente comulgaba desde mi ignorancia: que si los millennials son unos flojos, que si lo han tenido todo demasiado fácil, que si se quejan por vicio… Y yo, claro, llegando a una edad más madura – porque en verdad, la gente que nació en esa franja, ya va siendo mayorcita – coincidía con esas observaciones pensando que se referían a la generación que venía después, a esa de mis alumnos, sobre todo, esa gente que, como decía antes, ha nacido después del año 2000. Y es que a mi vista era tan obvio eso de que eran unos flojos, que necesitaban constante reafirmación y que los guiasen de la manita…

¡Pero ahora resulta que hablaban de mí! ¡Ahora resulta que YO soy la floja, la que lo ha tenido todo fácil y quien se queja por vicio! Bueno, lo de que me quejo por vicio, un poco sí es verdad. Ya lo hacía antes y, ahora que vivo entre escoceses cuyo deporte nacional junto a beber, es el de quejarse, pues sí, admito que me he subido arriba con eso… Pero de lo demás ¡no estoy yo tan segura!

Hace un par se semanas subía en el blog una entrada llamada Un regalo, que era una poesía que había escrito sobre la vida en crisis y tal. Cuando se la enseñé a un par de amigos queridos por primera vez, antes de publicarla aquí, ambos me dijeron, por separado y con un tono que no terminé de interpretar positivamente, que era muy millennial. ¿¡Por qué!?

Por favor, y como dicen en inglés, que alguien me quite de mi miseria y me diga que ¡no todo lo relacionado con los milennials es malo!

En fin, que aquí vendrán más poesías y otros escritos y, al parecer serán todos millennials, pero he decidido que no voy a dejarme encasillar dentro de lo que llaman una generación (¡una etiqueta!), igual que no lo hizo Luis Cernuda en la del 27, grande de la poesía infravalorado en su tiempo y que ha trascendido más allá de su tiempo.

Ahora me doy cuenta de que tal vez haya sonado como una persona prepotente que se cree mejor que otra gente, o incluso, una generación entera. Mi intención es simplemente decir lo siguiente: soy una persona individual, una individua si me apuran, y, como tal, soy única (para bien y para mal).

Por cierto, por si os apetece, aquí dejo algo de lectura que otra amiga, consciente de mi trauma, tuvo a bien pasarme. Se titula: Los ‘millennials’ ya no son “los jóvenes” de El País, lectura algo añeja, pero, ¡ea, como nosotros!

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