Diario de una escritora en pijama – 2

Querido diario:

Esta semana he leído menos. A principio de semana tuve como una especie de crisis y ahora cada vez que veo una hoja con letras, me parece que saltan o bailan y encuentro difícil leerlas.

Ayer me planteé si debería probar lo de los audiolibros, porque me gusta mucho escuchar la radio y tal. Pero luego pensé que es como pretender que conozco una obra porque he visto la adaptación cinematográfica. Por muy buena que sea la adaptación. Estoy pensando en clásicos como Lolita, Matar a un ruiseñor o 1984. Son películas muy buenas, ok, lo digo yo, lo dice todo el mundo, o sea son buenas adaptaciones de los libros, pero creo que inevitablemente van a carecer de muchas de las facetas de que gozan los libros. O sea, no he leído Lolita entero, pero el fragmento que leí el otro día… ¡Vaya con los juegos lingüísticos y con la maestría con que está escrito! Definitivamente, de leer los clásicos se puede aprender mucho, y ver las pelis no es lo mismo que leer los libros, así que creo que ni siquiera voy a probar eso de los audiolibros.

Vaya, ya estoy otra vez dándole vueltas al concepto “clásico”, ya, ya sé. Pero es que luego me pongo a escribir best-sellers actuales y me parecen una pérdida de tiempo. Como el otro día, que empecé a leer Eleanor Oliphant is perfectly no sé qué, ni me acuerdo del título, y después de terminar el primer capítulo e irme a dormir no he vuelto a sentir el deseo de leer más. Tal vez la semana que viene le dé otra oportunidad, a ver qué me parece el capítulo 2. El caso, que ha sido una semana seca de lectura.

Pero he ido a dar bastantes paseos y he descubierto un parque que no está lejos de casa. Me hizo mucha ilusión, a la entrada había una especie de portal que parecía salido de un cuento o de un episodio de Stargate. Tenía un camino principal y a ambos lados se abrían incontables senderos de tierra que se inmergían en pequeños bosquecitos. Seguí el camino un rato, desviándome en algunos de los senderos que tras serpentear por zonas más o menos frondosas volvían a salir al camino principal. Al rato de seguir este camino llegué a una explanada de césped y allí había bastante gente sentada, en grupos y pasando el rato distendidamente. Me gustó el ambiente, pero no me apetecía acercarme a aquella muchedumbre, así que retomé otro de los senderos de tierra que al poco me llevó a un camino de madera elevado sobre la vereda del río, la cual estaba frondosamente poblada de vegetación. Al poco, vi un promontorio de tierra que hacía claro, entre las plantas y arbustos y ahí que fui a sentarme. Pasé un rato muy tranquilo y apacible, oyendo solamente los bichos y pájaros que había a mi alrededor, así como las hojas de los árboles y demás plantas mecerse suavemente por la brisa. Fue muy bonito, fue idílico. Lo mismo podría haber empezado a escribir una égloga o algo así allí mismo. Bueno, pues lo no tan bonito fue volver a casa y ver una hilera de picadas o algo todo a lo largo de las piernas. Genial. La próxima vez me pensaré mucho lo de sentarme a meditar en plan Buddha.

En fin, que esta semana no ha sido la más productiva del mundo. Tal vez debería hacer eso que hace alguna gente de hacerme listas de cosas que hacer. Pero qué coñazo solo pensarlo. No sé, de momento ya me está dando pereza si quiera escribir más. Ya otro rato sigo.

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