Al pie de la letra

Siempre como nuevos. Si son viejos se me atragantan, no importa cómo los cocine, o el aderezo o la salsa que les ponga. ¿Que desde cuándo? Pues desde pequeñito, desde que un día don José me dijo muy irritado que yo no sabía ni hacer la “o” con un canuto, ¡que era un ignorante, vamos! Aquello me acomplejó un poco, ¿sabe usted, doctor? Desde entonces devoro cuantos libros caen en mis manos. Literalmente. Y sí, los prefiero nuevos. Entran mejor, desde la portada misma. Aunque ya, ya sé que no se debe juzgar un libro por la portada.

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