Diario de una escritora en pijama – 6

Here lies one whose name was writ in water.
(Aquí yace uno cuyo nombre fue escrito en agua.)

Es el epitafio que se encuentra en la lápida de John Keats. El epitafio completo dice así:

“This grave contains all that was mortal, of a young English poet, who, on his death bed, in the bitterness of his heart, at the malicious power of his enemies, desired these words to be engraven on his tomb stone: “HERE LIES ONE WHOSE NAME WAS WRIT IN WATER”.

(Esta tumba contiene todo lo que fue mortal de un joven poeta inglés, quien en su lecho de muerte, en la amargura de su corazón, frente a los poderes maliciosos de sus enemigos, deseó que estas palabras fueran gravadas en su lápida: “AQUÍ bla, bla, bla”).

No he leído nada del tal Keats, confieso mi ignorancia, pero me he encontrado con esta frase (re)leyendo uno de mis libros favoritos y la frase me ha hecho pararme y empezar a escribir aquí.

Es curioso pensar que el poeta inglés, fallecido en Roma a la edad de veinticinco años (¡25!) yaciera en su lecho de muerte con tal “amargura” y resquemor en su corazón. Me pregunto si era un romántico (no he comprobado el movimiento literario con el que se le relaciona, pero por la época, supongo que sí), dado por lo tanto a la exageración / exaltación de los sentimientos. O si únicamente se debe a su condición de poeta. Escuché el otro día en una entrevista radiofónica a no recuerdo quién, que los artistas (y los poetas se incluyen, por supuesto) sienten MÁS (más profunda o intensamente, entiendo). También sostenía similar opinión Amado Nervo en un libro llamado suyo que tuve la desgracia de leer. Tiene sentido pues, que al hallarse un joven poeta romántico pensando en qué quieren que le pongan en su tumba, se venga arriba con la vena dramática.

Esto me hace pensar varias cosas:

1. Tal vez debería echarle un vistazo a la vida y obra de Keats, pero dudo que eso pase a corto plazo porque no me apetece.

2. Tal vez podría gastar un rato ocioso a pensar qué me gustaría que escriban en mi lápida, a modo de titular o síntesis de mi vida o mi persona.

3. Me gusta mucho ese concepto del nombre escrito sobre agua.

O sea, pienso en esa idea que me persigue desde la primera adolescencia de escribir, de ser escritora. ¿Qué más da que yo me haga o no escritora? Corrección: ¿qué más da que yo me haga o no escritora de renombre, reconocida y toda la pesca – porque escribir, escribo, por lo tanto, podríamos argüir que ya soy escritora?

Que yo escriba o deje de escribir, tal vez queriendo dejar algo más o menos digno de leer, y que tenga mayor o menor repercusión sobre un número indeterminado de lectores, no tiene más importancia en el mundo que el movimiento de las ondas en el agua, cuando algo toca su superficie, ya sea una piedra, una rama o incluso un insecto.

Las ondas pasan. Primero se expanden desde el epicentro del impacto para aumentar de radio, pero también disminuir en intensidad hasta que finalmente la superficie acuosa retorna a su estado previo sin dejar rastro de aquella alteración. Pasan. Se van. Hasta nunca. See you never.

Escribir el nombre en agua. Es una imagen muy poderosa y que me gusta mucho.

Quizá debería escribir algo con esa idea de base.

Quizá debería buscar un charco y tratar de escribir mi nombre en el agua literalmente.

Quizá debería seguir (re)leyendo mi libro y dejar de anotar lo primero que se me pasa por la cabeza en este diario que carece de finalidad concreta.

Ah, por cierto, Will ha dado señales de vida. Me place.

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