Diario de una escritora en pijama – 8

Y cuando por fin decido que quiero volver a salir a la calle, me dicen que hay un segundo rebrote. Es verdad, que no lo he escrito antes, pero llevo en casa metida cinco meses. En esos cinco meses no he salido más que cinco veces, una por mes, estadísticamente, pero en realidad, dos de esas veces fueron el mes pasado, mientras que el primer mes que anduve en casa no salí nada de nada, cero, niente

Dicen que hay un virus o así, hay muchas teorías y yo intento muy denodadamente no seguir las noticias ni lo que dice la gente en las redes sociales, porque la verdad es que me lo creo todo, o nada, y me aburre o me cansa. Y así confinada cual ermitaña huraña estos cinco meses,  en pijama, que se está muy a gustito, he estado. Y ya no me acuerdo de lo que es socializar, hablar con alguien, leer expresiones faciales e interpretar comunicación paraverbal. Y hasta ahora me ha dado absolutamente igual.

Mi madre, con su santa paciencia y su constante amor de progenitora, me ha estado llamando regularmente, y aunque no siempre se lo he cogido, va sabiendo por mis mensajes más o menos largos, desde informativas parrafadas a someras líneas carentes de texto y superpobladas de emoticonitos, que estoy viva y (más o menos) bien. 

Will, el que fue mi compañero de baile un par de meses el año pasado y al que le hice tilín en algún momento, ha dejado de insistir. 

La gente me dice que ya se puede salir, que hay que tener cuidado y respetar unas medidas, como el uso de mascarilla, guardar las distancias o untarte regularmente las manos con alcohol hidroalcohólico, para que todo siga bien. Pero a mí, que me daba pereza todo eso y que me había acomodado en mi rutinita solitaria de pijama y lectura o escritura, que le había cogido el gustito a no tener que ser simpática por obligación y aguantar a gente pesada o ser educada independientemente de la circunstancia y todo eso, se me ha ido pasando el tiempo y ea, cinco meses.

Pero bien, ¿eh? Que tal vez se me ha ido de las manos un poquito demasiado. Que cualquiera pensará que de estos cinco meses en reclusión habrá salido una obra maestra o una trilogía impresionante de literatura juvenil por lo menos. Pues no. Han salido muchos borradores extremadamente mejorables de principios de historias aceptables. Pero nada realmente extraordinario. Pero bueno, eso que me llevo: que parece ser que soy una mina para principios. Supongo que debería contactar a otro escritor o escritora – en pijama o no – que me siga las historias. Y así, entre los dos, vamos escribiendo cositas terminadas y redondas. 

Bueno, que había decidido salir de casa por fin. Esta mañana mismo. Después de postponerlo varias veces. Porque solo salía a media de una vez por mes, cuando notaba que las cuatro paredes (que es un decir, porque mi casa tiene más de una habitación, por lo tanto hay más de cuatro paredes, que teniendo baño y cocina ya van unas cuantas más) me estaban ahogando demasiado. Entonces salía de casa para un paseo por el parque que hay debajo de mi casa. Pero nada, muy tempranito, antes incluso de que amaneciera, cuando los yonquis y demás gente de oficio sospechoso ya habían desbandado y todavía no aparecían los paseantes de perros y otra gente de bien, a dar cuatro vueltas (de nuevo una expresión o frase hecha) bajo los árboles y respirando muy hondo, así exageradamente para henchir mi pecho de aire puro (tan puro como puede serlo en un parque de ciudad) y nada, enseguida para arriba, para casa, a ponerme de nuevo el pijama y a seguir con mi contemplación, mis ideas para principios de historias y mi insociabilidad. 

Yo veía que la gente me iba mandando mensajes para decirme de quedar y tal, animándome a salir de casa y recuperar un poco la rutina anterior a todo esto. Incluso a última hora me aventuraba a entrar de nuevo en alguna red social y veía que la gente iba subiendo fotos de lugares y emplazamientos diferentes, decididamente no hogariles, y hete aquí que por fin hoy me decido a salir y pum, me da por mirar las noticias y veo que hablan de rebrotes y de nuevo miles de contagiados. Pues mal, muy mal vamos. Así que cambio de planes. Igual me toca pedir un pijama nuevo por internet, que los dos que tengo y he estado usando este tiempo están muy gastaditos.

Publicado por Anabel

Leo mucho. Escribo un poco. I read a lot. A write some.

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