Sobre viajes

Los que me conocéis personalmente sabéis que este verano he viajado de mi hogar número 2 a mi hogar número 1 y vuelta, y ahora ando en cuarentena por casita, que es lo que toca si llegas a Reino Unido desde algunos países, si bien no me queda claro cuál es el criterio para seleccionar unos y no otros. Mi madre es de la teoría de que están haciendo un boicot a España. Yo no quiero ser tan decisiva ni negativa, pero sin duda me inclino a pensar que el problema de base no es sanitario sino monetario. Que si pones trabas para los que se van, desalientas a los que están a que se vayan… Y sea quien sea, donde esté, ha de comer y consumir y gastar.

De todas maneras me apetecía escribir aquí una pequeña reflexión en cuanto a viajes. He estado escribiendo sobre mis viajes desde que empecé a hacerlos. De hecho he estado escribiendo sobre mis viajes y otras vivencias desde hace muchísimos años, desde que cogí la manía de tener siempre papel a mano por si me entraban las ganas de dibujar en cualquier momento y contexto. Así pues, esta vez no podía ser menos y me dio por escribir, sobre todo, en el avión de regreso, cuando ya estaba cansada de ver episodios de la serie que tengo a medias ahora y no me venía el ánimo de dormir.

Bajé a España en tren, para variar. Fue un acto bastante premeditado pero implementado de una manera muy improvisada. Es una de las lecciones que he aprendido: planea lo mínimo posible porque la vida siempre te va a estropear los planes.

Lo cierto es que no quería ir en avión porque me daba la sensación de que, como medio de locomoción, es demasiado rápido y yo quería sentir que estaba realmente viajando, tener tiempo para asimilarlo y saborearlo. Por otro lado, a ratos me inunda un sentimiento de remordimiento y vergüenza por formar parte de esta humanidad que descuida el planeta y contamina desmedidamente al coger con bastante frecuencia vuelos que contaminan una barbaridad sin pensar en las consecuencias de esa contaminación y pensando solo en lo barato que sale el viaje el fin de semana al destino de oferta.

Sin embargo, al regreso, por cuestiones logísticas y de tiempo, decidí volver a la mala senda y coger un billete de avión. Me toca todavía el sentimiento de incoherencia e hipocresía, no os creáis, pues con mi billete he contribuido a que siga habiendo vuelos que contaminen. Que confieso que esperaba que cancelaran el vuelo, pero finalmente fue para adelante y yo lo cogí y regresé sin complicaciones y muchísimo más rápido que me fui, por supuesto. Falsa que es una.

A este respecto, he decir que el Covid-19 ha hecho que viajar ahora sea muy cómodo. En la mayoría de los trenes que cogí hacia sur ya noté que vendían solo la mitad de los pasajes para asegurarse de que se respetaban las distancias de seguridad y por supuesto, se potencia la higiene por parte de las empresas y el civismo por parte de los pasajeros. Que hay restricciones, que se tienen que rellenar formularios y llevar la mascarilla todo el rato, pero en general, la experiencia de viajar en tren durante días fue muy satisfactoria. También fue el caso del vuelo de vuelta. No exagero cuando digo que es la primera vez que viajo en Ryanair y pienso que tengo espacio y voy cómoda.

Durante el trayecto de regreso escribí estas líneas:

El cielo azul que se ve constantemente, haya o no nubes a un nivel inferior, le mantiene a uno el buen humor y pienso que realmente me gusta viajar. Me da pereza, pero me gusta una vez estoy en el camino.

El camino, ese ideal al que aspirar y que no está hecho sino que se hace con cada paso – hete aquí toda referencia cultural que seré capaz de invocar hoy–.

De vez en cuando el avión tiene vibraciones que noto, sobre todo, a través de mi asiento. Sé que no hay turbulencias. Recuerdo haber estado en vuelos que tuvieron turbulencias y esto no tiene nada que ver con aquello. Pero aún así es inevitable pensar en que no hay nada seguro en esta vida y nada realmente me garantiza que este avión llegue a buen aeropuerto, que no se caiga de pronto o una corriente de aire demasiado fuerte rompa un motor y se lleve al avión y a nosotros por delante.

Mira que puedo ser poética y fatalista a la vez…

El caso es que llegué bien y ahora toca replantearse la vida. Porque viajar es muy bonito, pero es como un paréntesis y cuando uno vuelve tiene que salir de ese paréntesis y ver qué había antes y qué hay ahora. Lo cierto es que la mayoría de las veces es exactamente lo mismo.

No hay cambios, gracias.

Encontré mi casa como la dejé, si bien más fría, y si sales a la calle – cosa que te dejan hacer aunque estés en cuarentena para aprovisionarte, lo cual, si me preguntan ustedes, diré que no sé cuán coherente me parece… – todo sigue prácticamente igual. Poca es la gente que veo por la calle con mascarilla, los colegios han reabierto para el nuevo curso y aunque no he tenido oportunidad de ver cómo está el panorama del ocio nocturno, los bares de barrio que he visto de camino a hacer mi compra están atascados como siempre.

¿Qué depara el futuro? La incertidumbre sigue tan impuesta como lo estaba al principio de esta crisis y, sin embargo, al mismo tiempo, está todo igual o incluso más calmado.

Tal vez soy yo, que estoy más escéptica o centrada o tengo un par de cosas claras en mi cabeza por primera vez en mucho tiempo y sé que todo es cuestión de tiempo.

Y bueno, eso: el tiempo dirá y mostrará las cartas y pondrá las cosas en su sitio… Y si no, pues tampoco pasa nada

Publicado por Anabel

Leo mucho. Escribo un poco. I read a lot. A write some.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s