Diario de una escritora en pijama – 13

Hoy estoy muy molesta. Estaba dándome una vuelta por las redes sociales, que es un vicio totalmente innecesario que he adquirido y he descubierto varias cosas que me han molestado mucho y me están haciendo replantearme mis metas y mi vida en general.

Para empezar, me he dado cuenta de cómo se me presentan, sin buscarlas, un montón de cuentas de Twitter e Instagram de gente que se autodenomina escritor o poeta. Al principio he ignorado el fenómeno. Pero como se daba tan de seguido, he decidido meterme a ojear algunas de esas cuentas para ver si verdaderamente se trataba de escritores y poetas legítimos y si, a lo mejor, debía seguirles para disfrutar de su arte o aprender o… algo.

Después de identificar como características comunes que dicha gente publica mucha frase de sobres de azúcar para el café resaltada sobre fondo colorido, mucha fotito que denota confianza en ellos mismos y mucha tontería condensada, he llegado a la conclusión de que no son lo que yo consideraría “escritores legítimos” y que, por tanto, no merecían más de mi tiempo y atención.

Pero entonces, dado que es un fenómeno tan frecuente no he podido evitar pararme a pensar y he llegado a la conclusión de que aquí concurren dos circunstancias:

Por un lado, el mundo e Internet son muy grandes y, por lo tanto, dan cabida a mucha gente con un serio problema de egocentrismo, gran parte de la cual considera oportuno autodenominarse escritores o poetas.

Por otro lado, hay muchísima otra gente en el mundo e Internet, más tonta todavía si cabe, que les dan coba a los primeros y les apoyan en sus pretensiones mal fundadas. Ya lo decía Cela, la gente es cobista.

Que bueno, en cierto modo, mi lado más pesimista y cínico podría echarme en cara: pero tú (yo) también te levantaste (me levanté) un día y te dijiste (me dije): tú eres escritora. Y ya. Con ese desdoblamiento de personalidad todo estuvo arreglado, ¿verdad?

¡Pero no verdad! ¡No fue solo eso! Porque me avalan, creo yo, varios factores. Me avala para empezar, una gran formación filológica y otra gran pasión por la lectura y la escritura desde siempre. Además tengo algún que otro cuento y poema publicados en revistas y compilaciones (no remunerados, por supuesto). Y en más de una ocasión, profesores y lectores me han alabado las dotes y el talento, arrancándome así sonrisas vergonzosas y orgullosas, a la vez que me hacen pensar que estoy acertada en mis pretensiones y deseos…

Pero, ¿sirve de algo aunar tales pretensiones y deseos? Y es que tengo la sensación de que ahora, o desde que me he querido dar cuenta al menos, hay más “escritores” por ahí que rebollones en el campo y, claro, esto me ha ocasionado más de un sentimiento contradictorio con el que ahora tengo que lidiar.

Para empezar pienso: ¿y esta gente con qué derecho o autoridad se declaran escritores o poetas?

Luego sigo pensando: ¿Acaso esa gente y yo entramos en el mismo saco? A lo que respondo automáticamente NO.

Pero consecuente llego a esta otra reflexión: ¿No están, por su uso repetido e indiscriminado, perdiendo el valor los términos de “escritor” o “poeta”?

Todo lo cual me llevan a un catastrófico: Si esa gente, con sus frases de azucarillos del café tienen la osadía de llamarse escritores, denigrando así el término y oficio de escritor; si ahora cualquiera puede autopublicar un libro, tanto digital como en papel sin necesidad de pasar por filtros previos o pulir las obras hasta garantizar una calidad mínima; si ahora mucha gente vive en una situación de autoengaño y egocentrismo tal que creen que escriben mejor de lo que lo hacen y tienen la osadía de autodenominarse escritores… ; si encima ahora ESA gente recibe premios de 20.000 euros con una caca de la vaca de poesía… ¿qué leches hago yo aquí? ¿Acaso estoy perdiendo el tiempo queriendo hacer algo genuino y honesto y de calidad? ¿Acaso no debería dedicarme a escribir frases de azucarillos y dejarme de pretensiones intelectuales y sucumbir a la sociedad moderna?

Me da la sensación de que si hiciera eso, SI LO HICIERA MAL, aumentaría el número de seguidores en las redes sociales rápidamente y tal vez incluso me darían un premio tal.

O sea, ¿acaso el mundo se ha ido al garete definitivamente y la gente se ha vuelto irremediablemente subnormal?

O sea, 20.000 pavazos por una caca de la vaca (de tan grande que es). ¿Por qué?

¿Qué demonios hago yo aquí?

¿Por qué?

¿Nos hemos vuelto todos locos ya?

Sí.

2 comentarios sobre “Diario de una escritora en pijama – 13

  1. Percibo algo de irritación en el artículo, todo es efímero, dentro de unos no recordarás el asunto con tanta visceralidad, aunque comparto tú manera de pensar, no merece la pena …..

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    1. L, dices que no merece la pena irritarse y comparto tu opinión en tanto en cuanto no se consigue cambiar la realidad tan triste que hay… ¡¡Pero eso no quita que yo sienta algo al respecto de esa realidad, que tenga una reacción, una sensación de molestia tan grande – precisamente por mi impotencia ante ella – y que necesite trasladarlo a mi diario aunque sea solo para desahogarme!! Al fin y al cabo, los diarios también tienen esa función, ¿no?

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