Diario de una escritora en pijama – 14

Leyendo hace un par de meses un artículo sobre ciertos autores contemporáneos que recomendaban, hablaban de uno en concreto – no recuerdo el nombre – que recomendaban mucho y que había alcanzado cierto éxito con el género de la autoficción.

No había escuchado ese término antes, pero me gustó, en tanto que se posiciona como un género diferenciado de la biografía.

No hace muchos años me quedé sorprendidísima de ver publicada la autobiografía de uno de los componentes de la banda británica One Direction. Sí, esos críos que por aquel entonces acabarían de pasar el umbral de los 20. Que sí, que el salto que dieron a la fama fue muy rápido y de película, pero a la vez siempre pienso que una biografía debería de escribirse en el zenit de una vida, cuando ha pasado todo lo bueno o malo que tenía que pasar. Cuando quedan menos días delante que detrás; cuando se puede uno girar la vista atrás y tener una visión general y más o menos llena de entendimiento de lo que ha pasado, cómo y por qué.

Por otro lado, nunca he sido muy fan del género de las “biografías” o “autobiografías”. Principalmente porque siempre he asociado ese término con las vidas de santos (ya, ya, “hagiografías”) o de políticos. No soy muy fan de esas figuras públicas, independientemente del gran interés que susciten en una gran parte de la populación. A mí me han dado siempre como retortijones. Por eso el concepto de “biografía” me ha causado siempre total indiferencia.

Pero no es el caso ahora con eso de la “autoficción”. Supongo que, porque siendo honestos, eso es lo que hago yo nueve de cada diez veces que cojo un boli y me pongo a escribir o me siento frente a la pantalla. O sea, estoy escribiendo un diario, por definición el tipo de libro más personal que podría escribir. Y sin embargo, no llevo idea de publicar mi diario porque, en fín, ¡es mío y es muy personal! Pero supongo que un gran porcentaje de mis historietas tienen una gran base de inspiración en hechos que he vivido o han vivido gente que conozco.

Que lo pienso un poco y a veces me da la sensación de que tal vez me falte imaginación y, tal como el personaje de Javier Gutiérrez en la película de El autor, necesito transcribir la realidad para poder escribir algo decente. Pero no, eso son accesos de autoduda sin fundamento, porque creo que cuando alguien se sienta a escribir – cuando yo me siento a escribir – es porque siente la necesidad de contar esa historia, porque esa historia lo merece.

Ah, cosas que merecen la pena contar: es definitivo que no tengo trabajo. Ayer me llamaron por fin de la empresa y me han dicho que, definitivamente, no pueden seguir teniéndome en plantilla y que se me acabó el ERTE y el contrato y todo.

Ahora me planteo: ¿busco un nuevo trabajo o sigo un tiempo en plan contemplativo, como en los últimos meses, a esperar y a ver si tengo alguna aparición o alguna epifanía en general?

Uy, uy, emocionantes tiempos: un mundo de posibilidades se abre ante mí. O no. Porque en realidad tampoco estoy cualificada para tantas cosas y con mi intermitente sociofobia y creciente agorafobia lo mismo las perspectivas se me limitan. ¡Ja!

Un comentario sobre “Diario de una escritora en pijama – 14

  1. Pienso que debe haber tratamiento para los diversos tipos de fobias….se deben buscar sino se puede acabar como algunos personajes del excéntrico Woody Allen……

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