Diario de una escritora en pijama – 15

I went to the woods…

He visto esa frase en incontables sitios y tatuajes, he oído esas palabras constantemente y aunque tenía una cierta noción vaga de qué querían decir o a qué hacían referencia, por fin ayer me encontré con el pasaje alargado de su autor, el filósofo americano Henry David Thoreau. El fragmento que se puede encontrar en cualquier página de internet, desde Goodreads hasta Wikipedia, dice así:

“I went to the woods because I wished to live deliberately, to front only the essential facts of life, and see if I could not learn what it had to teach, and not, when I came to die, discover that I had not lived…”

“Fui a los bosques porque deseaba vivir deliberadamente, enfrentarme solamente a los hechos esenciales de la vida, y ver si no podría aprender lo que la vida tenía que enseñar, y no, cuando llegara a las puertas de la muerte, descubrir que no había vivido…”

La cita sigue, pero con estas primeras frases ya voy bien para pensar un rato, ya.

Creo que el ERTE y el posterior despido me están dando el punto de partida perfecto para pararme a pensar: ¿Qué estoy haciendo? ¿Qué quiero hacer? ¿Estoy viviendo la vida deliberadamente? ¿Estoy aprendiendo lo que la vida tiene que enseñarme? ¿Debería buscar trabajo en el extranjero? ¿Y si mando el currículo para ese puesto de supermercado de bajo de mi casa? ¿Qué voy a comer hoy?

A todas esas preguntas puedo responder igual:

Ni idea.

Que ahora me viene otra pregunta relacionada con Thoreau: ¿Qué puedo poner yo en mi currículo que me haga sobresalir de entre los miles de otros candidatos? Yo no he ido a los bosques, yo no he vivido la vida deliberadamente. Si acaso, una vez cada dos semanas, me aventuro a probar una receta nueva y relativamente exótica. Pero que lo más lejos que me voy yo es al centro. Ni bosques ni nada. Y la verdad es que siempre termino haciendo las mismas cosas.

Supongo que no estoy viviendo una vida cruda y real que valga la pena vivirla y me haga yacer en el lecho de muerte tranquila y pacífica. ¿Pero cómo voy a hacer eso si vivo en la burbuja que es una ciudad occidental?

¿Y si el próximo fin de semana, en vez de ir al centro y ver a la gente de siempre, cogiera el primer tren que saliera de la estación central? A donde fuere, qué más da. A ver qué hay más allá de mi burbuja…

Thoreau fue también el creador del concepto de la desobediencia civil, la desobediencia o la rebelión pacífica contra un estado abusivo que no hace lo que es bueno para el individuo…

Supongo que están relacionados, eso de criticar a la sociedad y el querer alejarse de ella.

Que me dan ganas de plantearme qué podría hacer yo desde mi cómodo salón, y en pijama, para desobedecer a la sociedad con una que no me siento conectada. Tal vez lo del tren está bien para ir a los woods, pero ahora me pica también el gusanillo de querer ser rebelde. Aunque sea sin causa.

En fin, que no voy a llegar a ningún buen puerto. O sea, sí, leyendo y pensando, pero ni actuando, ni escribiendo. Y eso que me digo todos los días: “escribe”, que me resuena en la cabeza como si fuera el hermano Marx de turno diciendo “¡y dos huevos duros!”… Pero no lo hago y a lo lo tonto hace un mes ya.

Mira, la lista de hoy: tengo que hacer la colada, tengo que limpiar el cuarto de baño y que mandar un par de currículos… “¡y escribir!”. A veces suena en imperativo ( “¡escribe!”), pero nada.

Ni escribir, ni desobedecer, ni vivir deliberadamente. Aunque supongo que a mí misma sí que me desobedezco, porque no hay manera de hacerme caso en las tareas que me pertocan.

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