Diario de una escritora en pijama – 17

De verdad que no entiendo a la gente. ¿Por qué narices Will me manda ahora un mensaje (bueno, cuatro, porque es de esas personas que mandan mensajes por fascículos) otra vez y me dice de quedar? ¡Justo ahora que están recrudenciendo las restricciones y medidas para intentar bajar los números de contagiados y se desaconseja/prohíbe quedar con gente externa a tu círculo cercano! ¿Por qué ahora, justo ahora, que me da muy igual que me hable o que no? Peor: ¿por qué justo ahora que ya no tengo sueños eróticos con su cuerpo esculpido en piedra?

Lo mismo que no entiendo a ese, no entiendo a mi vecina, que nunca me habla ni muestra el más mínimo respeto hacia el vecindario dejando que su perro se mee en la puerta del patio de la calle día sí y día también. ¡Pues no va ayer, qué cosas, y de repente se para y me empieza a contar, con un tono afligida y una actitud confidente, que al vecino del tercero se lo han tenido que llevar en ambulancia al hospital! Y yo, que vi la ambulancia y los paramédicos llevárselo en la camilla, me pregunté fugazmente, cierto, si estaba vivo o muerto, pero la verdad es que el hecho tampoco me quitaba el sueño. Pues resulta, según la vecina, que le dio un ataque al corazón y se desplomó, y como las paredes y techos de este edifico son de papel, el vecino de abajo, el de encima de ella, vamos, se extrañó del ruido, porque el tío del tercero es raro y muy gordo, pero ruidoso en sus hábitos, poco. Bueno, pues el del segundo, en espíritu convecinal y curioso, fue a llamarle a la puerta al del tercero y al no recibir respuesta, decidió llamar a los servicios de emergencia. Me decía la vecina del perro meón emocionadísima que el vecino del tercero le debe la vida al del segundo, porque lo llegan a pillar más tarde y no lo cuenta. Y yo, asintiendo en silencio a todo lo que ella me cuenta, de vez en cuando encajando una interjección aquí o allá, pienso: ¿pero esta tía por qué me cuenta esto? Que vale, que somos todos vecinos y todos convivimos en este espacio compacto llamado bloque de viviendas, pero a la vez… ¿en serio? ¿Por qué? Es que ni siquiera sé su nombre ni creo que ella sepa el mío.

Bueno, cuídate, me dice al final de todo su monólogo. Y yo le digo que igualmente y me retiro a mi casa, que a todo esto yo iba cargada con las bolsas de la compra cuando aquella me agarró por banda y me retuvo contra mi voluntad para ponerme al tanto del cotilleo. Y entro a casa y después de ir corriendo a lavarme las manos compulsivamente y de lavar la compra también, que toda precaución es poca, me veo el mensaje (los mensajes) de Will. Y pienso: ¿Pero esto? ¿Por qué ahora? ¿En serio, por qué? Yo no entiendo a la gente.

2 comentarios sobre “Diario de una escritora en pijama – 17

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s