Diario de una escritora en pijama – 18

Mírala, me cagüen la leche, el otro día tan amigable contándome la última y parecía que hacía varios días que no se le meaba el perro de las narices en el portal, que yo pensaba que estaba cambiando, pero hoy ya ha ido dejando que se meara en el portal otra vez. Que cuando he ido a comprar el pan lo he olido, vamos que si lo he olido, que todo el mundo lo debe de oler. Angustia daba. Que en cuanto he entrado en casa, he dejado el pan en la cocina sin tocar. Espero que se me pase luego y pueda desayunar en algún momento… Pero es que también se ve el rodal marcado en la parte inferior del marco de la puerta. ¡Y qué olor más fuerte, por Dios! Que a veces me alegro de tener que llevar mascarilla por lo otro, porque mitiga un poco el olor, ¡pero nada, cuanto apenas!

En serio, qué asco de patio y qué rabia de vecina. Lo mismo me tengo que mudar. Aunque está la cosa mal ahora. O lo mismo tengo que conseguir un perro que sea más grande que el suyo para bajar a la misma hora que baje ella y azuzar a mi perro contra el suyo, a ver si le dan ganas de ir a pasear su perro a otra parte…

Cambiando de tema, Will me mandó otro mensaje ayer, porque yo no le contestaba, para preguntarme si estaba bien y tal. Yo le dije que sí, pero que me mensajeara dentro de dos semanas, si eso, que antes no puedo quedar. Como si tuviera mucho que hacer, pero bueno, que no me apetece que me maree. Si de verdad quiere quedar, que me escriba en dos semanas y entonces ya veré si quedo o no. Que yo he esperado meses a saber de él.

Lo dicho, qué rabia de gente.

Ayer estuve pensando. Ya, ya sé, guau. No, en serio, estuve pensando en qué voy a escribir, en qué proyecto desarrollar ahora que he acabado el poemario que respondía al reto de Manu. Que no sé qué voy a hacer con ese poemario. De momento envejecer, como el vino, a ver cómo se lee dentro de unos meses.

Bueno, que me puse a divagar sobre el tema de la inspiración:

¿Es algo que te embarga? ¿Que viene? ¿Que tienes que buscarlo? ¿Existe?

Picasso decía que sí que existe, pero que tiene que pillarte trabajando. Haruki iba por esas líneas, supongo, cuando abogaba por la constancia, lo de sentarte todos los días a trabajar, sin falta. Aunque supongo que también se puede entender al contrario, que no hay inspiración, sino un oficio que se perfecciona con la práctica y la disciplina… Me gusta esa idea, claro, porque en teoría lo que yo haga ahí podría depender completamente de mí y no estar a merced de un agente externo que tenga a bien iluminarme. Pero lo cierto es que yo no voy muy bien de constancia. De hecho, hacía una semana que no me ponía a escribir, y no ha sido para intentar escribir una historieta o un poema, sino para desahogarme de mi vecina del perro meón. Pero es que hay tantas cosas que reclaman mi atención constantemente…

¡Ah, la vida y sus distracciones!

Tal vez debería hacer un diario, pero diario, diario, de esos de todos los días, no de escribir cuando me rote. No, debería sentarme todos los días, a escribir qué cosas me han distraído en las previas 23 horas y poco de escribir algo creativo. Tal vez si me obligo a hacer tales cuentas, acabe creando un hábito, aunque sea el de escribir en el diario diariamente por qué no escribo y, finalmente, por extensión casi espontánea, tal vez acabe escribiendo algo más imaginativo.

Va, voy a empezar:

Ayer no me senté a escribir porque salió el sol. Y claro, tuve que salir a dar un paseo, a que me diera el sol. Importante.

¡A ver qué escribo mañana sobre por qué no he escrito hoy!

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