Diario de una escritora en pijama – 23

En la zona en la que vivo acaban de decretar medidas más estrictas. Es casi como volver a un confinamiento. Como el de antes. Solo que ahora el clima es horrible y deprimente. Por si no había suficiente con lo otro.

Lo bueno es que vivo sola.

Lo malo es que vivo sola.

Estoy considerando la posibilidad de ignorar las restricciones, salir con Will esta noche y darlo todo y que me quiten lo bailado cuando el fin del mundo llegue.

Luego pienso que el fin del mundo no va a llegar.

Luego pienso que el fin del mundo ya está aquí. Está aquí y no se va a ir.

No, en serio, la situación podría (sin lugar a dudas) ser peor. La verdad es que me gusta estar sola y tener tiempo para mí, para pensar, para fantasear que escribo algo, y para hacer cosas que me interesan.

Cosas que me interesan y que puedo hacer en cualquier momento: me interesa escribir sobre cómo me siento, como si fuera una adolescente emo. Me interesa leer lo que otros tienen que escribir, mientras yo dejo pasar oportunidades de escribir algo propio. Me interesa mi cama. Me interesan las películas independientes de buen guión y en las cuales aparecen algún que otro actor medianamente conocido, como Paul Rudd o Kristen Wigg.

Cuando el fin del mundo llegue seguramente me pillará, no en brazos de un joven musculoso y sudoroso al que por fin le he devuelto las llamadas, sino abrazada a un bol de palomitas de microondas en la cama viendo The Perks of Being a Wallflower o algo así.

Idea para escribir una historia trágica: una mujer joven e independiente ignora los avances de un hombre más joven que ella y que parece estar algo obsesionado. La mujer le da largas hasta que finalmente, aburrida de tanta insistencia, accede a una única e intensa noche de pasión. Tras esta noche, el joven, de tan extasiado que está, no acepta la realidad de que esa noche es la primera y la última que compartirá con su amada y de nuevo renueva las insistencias. Como consecuencia, la mujer decide poner tierra de por medio e ir a vivir a una isla griega, para dedicar su vida a la diosa Artemisa, la diosa de la caza,  los bosques, los animales y protectora de la castidad, dejando al joven atrás, con el corazón roto y la necesidad de buscar una nueva obsesión.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s