Diario de una escritora en pijama – 28

El año nuevo me sienta mal. Me hace quedarme en la cama dejando pasar las horas sin ningún interés en aprovecharlas. Llevo las dos semanas de año nuevo (que ya no es nuevo, porque no hay novedad) prácticamente así.

Y abro la libreta y escribo dos palabras y cierro la libreta y abro el ordenador y veo dos episodios de la serie de turno. Y cierro el ordenador y abro la libreta y hago un garabato que en mis años mozos habría sido un dibujo de calidad artística amateur más o menos loable, pero que ahora se traduce en un intento de ignorar el paso del tiempo.

Pero el tiempo pasa.

El tiempo pasa mientras garabateo las cuatro líneas que desdibujan acaso un cuerpo humano. Pasa mientras estoy en la cama tapada hasta el cuello viendo otros dos episodios de la serie de turno. Pasa mientras por fin me decido a levantarme para hacerme una bebida caliente y aprovecho el intervalo en que se calienta el agua para mirar por la ventana.

El tiempo pasa.

Pero yo he perdido el interés por lo que pasa, sea el tiempo o sean eventos de vida, o mi vida en general. Es triste llegar a este punto de desgana. Pero más triste todavía es que no se lo puedas contar a nadie. Aunque, tal vez, si tuviera alguien a quien contárselo, no habría llegado aquí. Con un Jayden o un/o compañero/a de piso tranquilito/a, con quien no haya derecho a roce, pero sí a conversación, tal vez no habría llegado a este punto de pasividad e indolencia extremas.

Ni tan siquiera pensar en lo solitaria que es la vida de una escritora en pijama me conmueve. Porque ya no soy escritora, solo soy una percha para el pijama.

Tras el visionado de los últimos seis episodios de la serie de turno – que ahora se ha convertido en la serie pasada –, he decidido darle una oportunidad a un libro que tenía pendiente en mi mesilla de noche desde hace mucho tiempo.

A veces pienso que parte de mi problema es que ya no leo tanto. No sé.

El libro que aguardaba en mi mesilla a captar mi interés era Jurassic Park. Acabo de cogerlo un rato. Después de leer dos capítulos en que dos personas diferentes han sido atacadas por dinosaurios, me siento un poquito mejor. Creo que me ha ayudado a poner mi vida un poco en perspectiva. La cama parece un lugar mucho más seguro para vivir que la jungla tropical costarricense. No me puedo quejar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s