Diario de una profesora interina – V

De vez en cuando, entre porción de teorías soporíferas y demandas inútiles de atención, hago cositas interesantes con los alumnos. El otro día les puse el reto de escribir un relatillo inspirado en el de Julio Cortázar “Instrucciones para llorar”. Como se ha de predicar con el ejemplo, yo también me puse a escribir algo. No es especialmente bueno, pero ¡oye, para lo poco que escribo estos días, no me parece que esté del todo mal!

Cómo prepararse para un viaje

Camine hasta al armario de su casa donde están guardados todos los trastos que se usan una o dos veces al año únicamente. Sustraiga una maleta con cuidado de que las cosas precariamente depositadas alrededor, no se le caigan encima. Si hay más de una maleta, compruebe que la que coge no tenga las ruedas rotas. Lleve dicha maleta a la habitación donde guarda la ropa y demás efectos personales y sitúela sobre la cama. Ábrala y mírela unos segundos. Si lo desea, puede cerrar los ojos y visualizar las cosas que puede necesitar en su viaje y, por lo tanto, meter en su maleta. Puede no hacerlo. En cualquier caso, una vez pasado los segundos de examen de la maleta, vaya a la cocina, abra el armario donde están los vasos y coja uno. Acto seguido, abra la nevera, coja una lata de cerveza y sírvase cuanto quepa del líquido dorado en el vaso. Es importante que se beba, no de la lata directamente, sino del vaso de cristal, para apreciar mejor el sabor de la cerveza. Dele un sorbo para comprobar esta teoría. Puesto que el líquido estará bien fresquito y sabroso, terminará bebiendo de un trago el contenido del vaso. No se apure, simplemente rellénelo de nuevo, lo cual ocasionará que la lata estará vacía. Tire esta al cubo de basura más cercano. A ser posible, que sea de reciclaje. Esta vez, retenga el impulso de beber toda la cerveza inmediatamente. En lugar de ello, sosteniendo el vaso en la mano, regrese a la habitación donde le espera la maleta y dispóngase a enfrentarse a ella. Una vez en la habitación, deje la cerveza sobre la cómoda o el mueble más cercano y abra todos los cajones, uno a uno, extrayendo un ejemplar de cada pieza de ropa diferente: un pantalón, una camisa, un jersey, una ejemplar de cada una de las ropas interiores: un par de calcetines, unas braguitas, un sostén y una camiseta interior. Si es usted un hombre, prescindirá de las braguitas y el sostén, para tomar, en su lugar, unos calzoncillos. Deposite todas y cada una de las piezas de ropa extraídas de los cajones dentro de la maleta. Puede hacerlo de manera ordenada, pero no es estrictamente necesario para el cumplimiento de la tarea en cuestión. Entonces retorne su atención hacia el vaso que descansa en la cómoda y cójalo. Dele otro sorbo, que inevitablemente llevará de nuevo al vaciado de todo el contenido, dado su sabroso sabor. Siga la consecuente necesidad de regresar a la cocina y rellenar su vaso vacío de cerveza. Repita el procedimiento previamente establecido: abra la nevera, substraiga una lata, ábrala y decante el contenido en su vaso. Si queda contenido en la lata, beba de su vaso hasta dejar suficiente espacio para vaciar la lata antes de abandonar la cocina. Regrese a la habitación y sitúese nuevamente frente a la maleta, dispuesto a observarla y repetir el ejercicio de visualización. Piense qué puede necesitar además de la ropa que cogió ya. En ese momento, ante la falta de ideas, puede que se le presente una nueva urgencia. Siga su impulso, coja las llaves, el móvil y su cartera y vaya hacia la entrada de su casa. Introduzca los diferentes objetos en diversos bolsillos de la indumentaria que viste y salga de su casa, cerrando la puerta tras de sí. Baje las escaleras y salga a la calle. Busque con la mirada el bar más cercano y siéntese en una de las mesas que se encuentran disponibles. Cuando el camarero se le aproxime, entre en una breve interacción con él y pida un vaso del alcohol deseado. Mientras aguarda a que el camarero retorne con su pedido, extraiga el móvil de su bolsillo, busque en la agenda y llame a uno o más de sus amigos. Dígale que se reúna con usted en la mesa del bar donde se halla sentado. No es necesario que especifique que su invitación tiene como fin evitar así las posibles habladurías de los vecinos, por ser visto bebiendo en soledad. Cuando su amigo o amigos lleguen, sonríales calurosamente, levántese brevemente para intercambiar dos besos, un abrazo o cualquier otro gesto de saludo, e invítelos a sentarse con usted. Entonces siga bebiendo, e intercalando nuevas rondas de líquido con comida y continuada charla con sus amigos, hasta altas horas de la noche. Finalmente necesitará regresar a su casa. Como no estará en disposición de terminar la maleta, ignórela y asegúrese simplemente de programar la alarma para levantarse el día siguiente a la hora necesaria para comenzar su viaje. Antes de disponerse a dormir en el sofá – pues su cama está ocupada por la maleta inacabada – asegure también de que su cartera y su dinero están a buen recaudo en el abrigo que vestirá el día siguiente, durante su viaje, para disponer de dinero en su destino y comprar todo aquello que no empacó.

Publicado por Anabel

Leo mucho. Escribo un poco. I read a lot. A write some.

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