Diario de una profesora interina – VIII

(o lo que es lo mismo: Diario de una mujer al borde de un ataque de nervios)

Tengo una canción de Billie Eilish metida en la cabeza que se llama Happier than ever.

Hay una parte, en concreto, que va desde el minuto 2:20 o así, cuando empieza a ponerse animadilla, que está como en bucle en mi mente.

No estoy muy segura de por qué me gusta tanto esta canción, porque nada de las letras se identifican con mi realidad. Yo no le hablo a un alguien abusivo, a alguien que no tiene ningún miramiento con mi seguridad o bienestar físico y mental… Pero supongo que hay factores de abuso presentes en mi vida por diferentes fuerzas, y tal vez sea eso contra lo que me revelo, igual que la cantante…

No, me gusta y me identifico con esa canción por la rabia. Siento que la rabia de la canción me toca el corazoncito casi tan seco como la mojama, que contrasta notablemente con mi cuerpo rollizo a causa de los ataques de ansiedad que se personifican en trastornos alimenticios. Siento que me encantaría levantarme y gritarle a mis circunstancias: “just fucking leave me alone!” con un coro de jóvenes enfadados apoyándome en la retaguardia y dándole más rotundidez al mensaje.

Me gustaría gritárselo no a un quién, sino a un qué. Realmente estoy harta de estas circunstancias que me atrapan y succionan la energía como un dementor de los de Harry Potter.

¿Se acuerdan ustedes de cuando empecé el Diario de una profesora interina, hace varios meses, con muchas ganas y energía e ilusión? Aquella chiquilla pizpireta e inocente que agarró su coche y en menos de una semana se plantó en otra parte del mundo, dejando todo atrás, sin mirar qué o a quién, sin decir sus adioses bien dichos, pensando en el mañana y en lo que este traía, sin dejarse atrapar por un pasado mediocremente satisfactorio y sin pensar en las pérdidas que semejante decisión podría ocasionar….

Aquella chiquilla hace tiempo que sucumbió a la mujer seca y exhausta que ocupa ahora su lugar frente a la pantalla.

El otro día una alumna me preguntó que qué hay que hacer para hacerse profesora de lengua. Yo la miré sin comprender qué pretendía con esa pregunta.

¿Saben lo que me habría gustado decirle?

Me habría gustado ponerme entre ella y el Balrog que le espera voraz y terrible y decirle: “¡CORRE INSENSATA!”

No, la profesión docente no es sufrida, ni esclava, ni infravalorada, ni infrarremunerada, ni agobiante, ni extenuante… Es todo eso y peor.

Yo quiero salir corriendo y no volver. Yo quiero cantarle a mis circunstancias la canción de Eilish con plena intención.
I’d never treat me this shitty,
you make me hate this city
[…]  
just fucking leave me alone!
[…]
Don’t waste the time I don’t have.

¿Saben? En uno de los microdescansos que me he tomado hoy, me he puesto a mirar las stories de Instagram de conocidos y amigos, y he visto uno de esas bromas visuales, ingeniosas, divertidas y críticas a la vez, que me ha hecho pensar: Realmente, desde que nacemos, la vida solo va para arriba, ¿eh? Para arriba en retos, disgustos, problemas, ansiedad y otras miserias varias…

Qué bonito.

Y qué bonita manera de acabar el día con estas reflexiones… Que bueno, quien dice acabar, dice continuar. Tras esta mi nueva micropausa hecha, toca seguir trabajando, por supuesto. No vayan ustedes a pensar que tengo una rutina de vida ajustada, con mis horas de sueño regular y tiempo para hacer ejercicio y socializar…

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